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ZaZen


Son muchas las formas de meditación budista. Pero el ZaZen tiene algo muy peculiar. Que no es la meditación en sí, sino aquello de lo cual parte y paradojicamente a lo cual llega. Estar sentado y en silencio. Que ventajas puede tener el estar sentado? Que es lo que lo hace tan extraordinario para que un método de meditación lo adopte? La respuesta es que supone un aquietamiento. Estar aquí. Pues no es necesario ir a ningún lugar. O mejor dicho, no hay ningún lugar a donde ir. Pues como dijo Dogen: "Si no puedes encontrar la verdad en el lugar donde estás, ¿donde más esperas encontrarla?

En Occidente, el estar sentado es generalmente entendido en relación a un fin, ya sea para hacer una pausa o realizar un trabajo. El estar sentado en sí por el solo hecho de estar sentado, resulta incomprensible, cuando no un síntoma de pereza o indolencia. Curiosamente el budismo no lo ve así. En el caso del Za-zen, es una posición a partir de la cual puede suceder algo extraordinariamente ordinario. Pues el sentarse en este caso, es sinónimo de detención y entonces se abre la posibilidad de la contemplación.

Contemplación en silencio. Ambas se presuponen, se anudan. No el silencio del no hablar, sino el silencio para observar. Y para ello la mente debe estar en silencio. Quieta. Sin objetivo alguno. Sin la agitación del pensamiento. Suspensión de la actividad dotada de una meta, de un propósito. Sólo ritmo. El ritmo de la respiración. El ritmo de la vida misma. El principio vital.

Entonces y sólo entonces puede generarse un estado receptivo que permite apreciar el incesante fluir de todo lo existente, pues nada está en reposo, sino por el contrario, en un extraordinario movimiento. En perpetuo cambio. Floración y disolución. Y al acompañar la contemplación al movimiento, la mente se vuelve como el agua, fluyendo siempre, adaptándose al terreno, cayendo cuando tiene que caer, eludiendo los obstáculos, sin nunca mirar atrás. Mente presente, que se vacía de sus contenidos sin acumular ni bloquearse, sin tropiezo o detención. Curiosa paradoja: el máximo de quietud coincide con el máximo de movimiento. La máxima vacuidad es la máxima plenitud. Pues sólo una copa que se vacía continuamente, es suceptible de contenerlo todo.

Esta meditación reposada y silenciosa, tiene otros múltiples destellos. Al ser una acción que no tiene un propósito convencional y que obtiene su recompensa en sí misma, produce la más profunda atención. Atención que no es resultado de un esfuerzo y que por lo tanto no genera conflicto ni tensión. Pues comienza la sensibilización al Universo en el cual vivimos. La gloria de la flor, el canto de los pájaros, el sonido de las olas, el lento declinar de la luz al atardecer, una mancha en la pared, el cielo estrellado, aquel grupo de rocas, el ritmo de una gota de agua cayendo...Al cesar el pensamiento, el mundo se muestra como es. Eso. Talidad. Despojado de todo velo. Como dijo Masahide: "El granero se ha quemado; ahora, puedo ver la luna."




Carlos Fleitas. Diciembre 2001.

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