Richard Wilhelm

Hacia el mediodía de tu vida,
volviste tus ojos,
al estrellado cielo del Recto Imperio,
quien devolvió a tu paciente labor,
la celeste luz reservada al Wan:
El Hacedor de Puentes.

Fue Fu-Hsï quien guió tus pasos,
al Caballo-Dragón y al Diagrama del Río.
Y el delicado vaso de tu espíritu,
acogió el mensaje del Enviado del Cielo.

Y ante el libro que visitan los Schen,
-que acaso guian los signos-
descubriste el imposible rostro del Cambio,
esa errante mariposa que llamamos Tiempo,
en cuyo centro habita la pura Inmovilidad.

 

Carlos Fleitas