Vincenzo Galilei hizo cinco cosas importantes en su vida: impulsó la Camerata Fiorentina, revitalizó la antigua música griega, escribió un párrafo, publicó dos libros y tuvo un hijo: Galileo. El hijo, a su vez, hizo cinco cosas importantes en su vida, fundó la fisica moderna, refutó a Aristóteles, reescribió el parrafo de su padre, escribió tres y más libros y agregó innumerables horas de trabajo al ya de por sí laborioso Santo Oficio de la Inquisición.
El padre escribió: "Me parece a mí que aquellos que se apoyan en el peso de la autoridad para probar cualquier afirmación sin buscar los argumentos para fundamentarla, actuan absurdamente. Yo quiero preguntar y responder libremente sin ninguna clase de adulación. Eso es lo que corresponde a quienes son sinceros en la busqueda de la verdad" (1)
Su hijo reescribió: "Me parece que, al estudiar los problemas de la naturaleza, no debemos partir de la autoridad de los textos de las Escrituras, sino de la experiencia de los sentidos y de las demostraciones necesarias (dalle sensate experienze e dalle dismostrazioni necessarie). Porque ¿quién pondrá límites a la inteligencia e inventiva humanas? ¿Quién afirmará que todo lo que es perceptible y cognoscible en el mundo está ya descubierto y conocido? " (2)
Vincenzo Galilei,
escribió varias canciones para voz y laúd,
libros sobre teoría de la música, sostuvo con apasionamiento
los canones de la "Nuove Musiche", desacreditó la polifonía
en su libro: "Dialogo della musica antica e della moderna (1591)"
y realizó ciertos experimentos - a la manera de un científico- sobre
la armonía, colgando pesas en cuerdas musicales, para encontrar la
razón matemática entre las tensiones de las mismas que produjeran
consonancias. En estos experimentos seguramente participó el joven
Galileo.
Galileo Galilei, comenzó enseñando el sistema geocéntrico de Ptolomeo, pero pronto las conclusiones de Copérnico lo llevaron a abandonar sus primeras convicciones. La Nueva Astronomía ponía en tela de juicio la cosmología de Aristóteles y Ptolomeo y no había sido aceptada por los astrónomos jesuitas por considerarla contraria a las Sagradas Escrituras. Para encontrar las "demostraciones necesarias" del heliocentrismo, que incluían el movimiento de la Tierra, Galileo comprendió que "un conocimiento real de la naturaleza del movimiento era necesario para la investigación de los efectos naturales".(3) Describir el movimiento celeste, implicaba que primero era necesario investigar la naturaleza real del movimiento. Y aquí se vería confrontado a la concepción de Aristóteles, reformulada por la Iglesia, y que representaba el legado de la Antiguedad Griega.
Entre 1583 y 1609 Galileo lee a Copérnico, comienza a estudiar e investigar la Mecánica, la periodicidad de las mareas, el movimiento del péndulo, la caída de los cuerpos y la trayectoria de los proyectiles. La sistematización de sus conclusiones cristalizarán en las dos grandes obras publicadas cuando tenía 68 y 74 años. El "Dialogo dove nei congressi di quattro giornate si discorre sopra i due massini sistemi del mondo tolemaico e copernicano, proponendo indeterminatamente le ragioni filosofishe tanto per l'una quanto per l'otra parte"(1632) y el "Discorsi e Dimostrazioni Matematiche intorno a due nuove Scienze attenenti alla Mecanica e i movimienti Locali" (1638), que resumen el resultado de sus investigaciones y experimentos de toda una vida para fundamentar respectivamente el heliocentrismo y el movimiento de los cuerpos o en este caso "los elementos de la nueva ciencia de nuestro académico, respecto de los movimientos local, natural y violento". (4) Esta última obra la redactó estando casi ciego, en su retiro forzado en la quinta de Arcetri al sur de Florencia.
Vincenzo Galilei escribió un libro para el perfeccionamiento de la notación musical para el laud. El laud fue para él, el medio que le permitió avanzar en sus investigaciones.
Galileo Galilei, en mayo de 1609 tuvo noticias de la invención de un "instrumento que aproxima los objetos". Dado que el mismo estaba aún imperfectamente construido, Galileo lo perfecciona y logra un "anteojo" que permite ver: "los objetos distantes nueve millas como si estuvieran alejados sólo una milla", según informa al Duque de Venecia. Para noviembre de 1609 había logrado nuevamente aumentar considerablemente su alcance. Y entonces, dirige nuevamente su telescopio a los cielos.
Pocos son los hombres que ven transformarse una sospecha en una develación, pues todo lo que observa Galileo contradice la Cosmología imperante y confirma su convicción en la fiabilidad del Sistema Copernicano. La Luna es un cuerpo rugoso, con accidentes montañosos, con valles y planicies, totalmente diferente a la descripción de Aristóteles de una esfera lisa y perfecta. Y comienzan a sumarse nuevos descubrimientos: la Via Láctea está formada por innumberables estrellas y no se trata de un "vapor uniforme" como se suponía desde Aristoteles. Al observar el cumulo estelar de las Pleyades, cuenta unas 40 estrellas en donde hasta entonces se suponia que habian 7. Y entre el 7 y el 11 de enero de 1610 descubre cuatro satélites que giran en torno de Jupiter. Esta última observación es el comienzo del fin de la Cosmología y Astronomía greco-medieval. Otros cuerpos celestes eran el centro de movimientos de satélites, no solamente la Tierra. Galileo publica "El Mensajero Sideral" en marzo de 1610, que sorprende a los astrónomos. Prosigue sus observaciones y descubre que el planeta Venus también gira alrededor del Sol. A continuación la conclusión sigue por si misma: la Tierra no es el centro del Universo, también gira alrededor del Sol, del cual también descubre e interpreta correctamente las manchas solares.
Vincenzo Galilei tenía un objetivo mas ambicioso que el perfeccionar la música para el laúd. Pues sus investigaciones musicales se dirigían en último término a sustituir los antiguos modos eclesiásticos por el sistema de claves mayores y menores.
Galileo Galilei con sus investigaciones estaba haciendo ceder a la Cosmología aristotélico-cristiana. Ésta postulaba la cosmovisión de un Universo inmutable, sin cambio más allá de la esfera lunar. Para la concepción Aristótelica el universo era finito, eterno y geocéntrico, formado por esferas concéntricas que giraban una en torno a las otras. Esta concepción fue tomada por Aristóteles de Eudoxo (408-355 A.C.) quien construyó un sistema de 27 esferas homocentricas que giraban en torno a la Tierra. Estas esferas eran una construcción geométrica y no materiales. Pero Aristóteles la incluyó en una concepción más amplia y detallada de modo que el Universo para él, estaba dividido en dos regiones claramente diferenciadas. La sublunar y la supralunar o celeste. En la primera, la materia estaba formada por los 4 elementos aire, tierra, fuego y agua y sus combinaciones y en él se sucedían los procesos de nacimiento y muerte propio del mundo humano y terrestre.
La Tierra era una esfera que no se movía y estaba en el centro del Universo, rodeada de esferas perfectas que orbitaban circularmente alrededor de la misma y que contenían por su orden de adentro hacia afuera a: La Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Jupiter, Saturno y las estrellas fijas. Las mismas eran el límite del Universo y constituían lo que Aristóteles llamaba el primer cielo. Los cuerpos celestes que contenían, estaban compuestas por un quinto elemento o quinta esencia, que Aristóteles llamó "aither": una sustancia inmutable y que no es susceptible de mezclarse con ningún otro, ni de transformarse en otro elemento. El movimiento de las mismas era circular, pues Aristóteles consideraba que el movimiento más allá de la esfera de la Luna, es decir el movimiento celeste, sólo podía ser circular. Aristóteles también incluía en el Universo un "primer motor inmóvil" que es la fuente que origina el movimiento de los astros, sin tener el mismo una anterior fuente de movimiento, siendo pues el único para todo el Universo y primario a la vez. Este "primer motor inmovil" es para Aristoteles "esencia pura y acto puro" y no tiene materia ni forma. El movimiento celeste se transmitía de adentro hacia afuera, o lo que es lo mismo desde la última esfera hacia las siguientes. De este modo quedaba establecida una clara distinción entre un mundo físico terrestre, mutante y corruptible, formado por cuatro elementos y sus combinaciones, un mundo celestial formado por el éter y el "motor inmóvil", que se encontraba más allá de la esfera de las estrellas fijas (la bóveda celeste).
Pero para la Cosmología medieval, que había agregado una explicación teológica al Universo de Aristoteles, el "primer motor inmovil" era Dios y por él había sido creado, lo que distaba de la concepción peripatetica, ya que el filosofo griego no identificaba el "motor inmóvil" con Dios, y postulaba la eternidad del Universo en el sentido no sólo de su atemporalidad, sino de que no había surgido de un acto de creación divina. Los cielos eran esferas de cristal y los verdaderos causantes del movimiento del mismo eran los ángeles. Y el cielo estrellado estaba allí desde los origenes de la creación para siempre fijo e invariable.
Pero el comportamiento de los cuerpos celestes distaba mucho de una trayectoria uniformemente circular. Los planetas Marte, Júpiter y Saturno describian trayectorias irregulares sobre el fondo estelar. Parecían acelerar, enlentecer su movimiento y aún detenerse. Resultó obvio que la explicación de Aristóteles no se ajustaba a lo observable. Y a partir de allí se fueron introduciendo modificaciones a la misma comenzando por el mismo filósofo, agregando más esferas a las ya enumeradas por Eudoxo, para explicar el movimiento irregular de los planetas (etimológicamente quiere decir "errante"), pero sin lograr una solución definitiva.
Claudio Ptolomeo fue el que cerró definitivamente la cuestión creando un modelo que explicaba con bastante precisión el movimiento de los planetas, la Luna y el Sol respecto a la Tierra. Construyó con el uso de epiciclos, excentricas y ecuantes un modelo geométrico que daba cuenta de lo observado y permitía con bastante precisión, para la época, explicar y predecir la trayectoria de los planetas.
El modelo ideado por Aristóteles y Ptolomeo prevaleció largo tiempo vigente hasta que fue sustituído por el de Copérnico y definitivamente por el de Kepler. Pero el de Ptolomeo, quedaba reservado en la época de Galileo para fines prácticos, predicciones, cuestiones referidas al calendario o a la astrología y era enseñado a estudiantes de matemáticas de pregrado. Se lo consideraba un modelo ficcional que no refutaba ninguna premisa dogmático-teológica. De este modo el hecho de que la Tierra no estuviese en el centro exacto de los círculos propuestos por Ptolomeo era una cuestión imaginaria que no desmentía la soberanía de su posición. La Teología es la Teología y la Astronomía es la Astronomía parecía ser el lema de la época. Mientras la última no se inmiscuyera en la primera, presentándose como una realidad y cuestionándola, tenía el visto bueno de la Autoridad, y se presentaba como una ficción útil a los propósitos prácticos. En cambio el Sistema Aristotélico, ampliado por la teología medieval, era el que predominaba a la hora de plantearse cuestiones referidas a la naturaleza y origen del Universo y dominaba la escena de la Teología y la Filosofía en el momento en que Galileo empieza a cuestionarlo siguiendo a Copérnico.
En el año 1604 aparece una estrella nueva en la constelación de Sagitario, identificada hoy en día como la supernova de Kepler. Galileo hace pública inmediatamente, su conclusión de que ha ocurrido más allá de la esfera de la Luna, y por ende la idea de una fijeza e inmutabilidad de los cielos ya no puede sostenerse.
Vincenzo Galilei integró la Camerata Fiorentina, fundada por un grupo de músicos y literatos característico del llamado Renacimiento humanista. Consideraban que la Antiguedad Clásica, en sus valores estéticos y expresivos, era la solución para un Cultura que ya se había agotado. Revitalizando la misma en su aspecto musical, con la revalorización del canto unido a lineas melódicas sencillas, no olvidaron la riqueza de la poesía y mitología griega que comenzó a aparecer como la trama misma de los textos que comenzaron a escribir. Fueron los creadores del nuevo recitativo y de lo que posteriormente fue la gran aria. Su influencia se extiende varios siglos hacia adelante, pues es considerada la cuna de la gran opera italiana.
Galileo Galilei introdujo una verdadera novedad en el pensamiento de su época, que no se encuentra solamente en sus observaciones y demostraciones, ni tampoco en la refutación de una Cosmología greco-medieval y el advenimiento de otra. Porque con anterioridad a la revolución que inicia Galileo, el hecho estaba sustituido por la certeza. Y el núcleo de su descubrimiento fue problematizar el estatuto de lo que es un hecho. Pues lo que se ha dado por hechos una y otra vez en la historia del pensamiento humano, han resultado ser interpretaciones de lo real y no lo fáctico per se. Lo que se ha supuesto como dado, ha resultado ser finalmente una idea o un anhelo y no un hecho. Esto conlleva el límite del conocimiento basado en la supuesta razón o mas precisamente en el pensamiento, y la sospecha de que finalmente operamos con construcciones e interpretaciones, y que el hecho en sí, como último reducto de lo real, escapa continuamente a la mente que lo busca.
Desde Galileo el hecho ya no es inmutable, sino que se historiza según el sistema que lo incluya y lo explique, generándose una relativización del mismo, a contrario del modo de conocimiento que con Galileo comienza a eclipsarse. Lo universal ya no es una categoría per se, si no que varía de acuerdo a las concepciones que definen grados de universalidad y por ende distintas aproximaciones a lo que es un hecho. Parecería ser que las teorías tenidas como universales se perfilan como un caso particular de otra que la supone y engloba, siendo válidas contextualmente dentro de ciertos parámetros delimitados.
Aún el conocimiento científico tan trabajosamente obtenido, tiene un devenir y un límite que él mismo demarca, en contraste con el absolutismo del conocimiento basado en el principio de autoridad. El movimiento que Galileo indagó no se da solamente en la realidad física, sino también en los sistemas de ideas con los que el ser humano intenta explicarse "las cosas de este mundo y de la naturaleza" (2). Y en este sentido Galileo al afirmar: "que las cosas que conocemos son una mínima parte de las que ignoramos" (2), se aproxima a la "docta ignorancia" de Nicolás de Cusa. Sólo puede accederse a un saber, si se parte de un estado de no saber avanzando mediante el "libre filosofar"(2) en el campo de los fenómenos de que se trate, entendiendo por tal una mente abierta y receptiva a lo real y no a su propio acontecer. Pues la mirada de Galileo se dirige a lo real para interrogarlo y se libera del peso de la tradición del cual se desprende.
De allí surge como fiable solamente el lenguaje de la geometría y la matemática como verdaderas herramientas no sujetas a las deformaciones propias del pensar teñidas siempre por las pasiones humanas. Y es éste el texto que Galileo encuentra en lo real como escritura fundante para ser leída. Y es por ello que en "El ensayador" responde al religioso Horacio Grassi: "La filosofía está escrita en este gran volumen —me refiero al universo— que se mantiene continuamente abierto a nuestra inspección, pero que no puede comprenderse a menos que uno aprenda primero a entender el idioma y a interpretar los signos en que está escrito. Está escrito en el idioma de las matemáticas y sus signos son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las que es humanamente imposible entender una sola palabra; sin ellas, uno camina en un oscuro laberinto." (5) Y ésta es la esencia del modo de concebir la realidad que tiene Galileo: que la misma está cargada de símbolos y de relaciones entre ellas, que su lenguaje es simbólico y que desentrañando sus relaciones podemos conocer su escritura, es decir su argumento y su motivo. Los hechos, lo fáctico en sí, no dicen nada. Sólo la labor de la mente humana operando con símbolos sobre los mismos, puede recrearlos dentro de un modo de conocimiento que adecua sus medios a sus fines. Galileo al situarse de este modo en su concepción del universo, sólo intenta recortar un modo de conocimiento que tenga sus fundamentos en las relaciones simbólicas y no en la afirmación que sólo se fundamenta consigo misma, como lo es la que esta basada en el principio de autoridad.
Quizás la Cosmología antigua con sus esferas que incluyen a otras en un pausado y rítmico movimiento no sean más que intuiciones y descripciones del proceso del pensamiento humano... Lo que finalmente cambia es el marco conceptual con que el ser humano se aproxima a lo real, es decir el marco logico-simbolico y referencial desde el cual los hechos se definen. No hay una facticidad per se en estas comarcas, los hechos cambian según la mirada que los recrea y el grado de simbolización con que es capaz de dotarlos. El geocentrismo parte de una constatación primera que supone una mirada ya teñida por la concepción. El supuesto hecho de que el Sol gira en torno a la Tierra es sólo evidente dentro de una sistema explicativo, y como tal se le da la categoría de hecho, cuando no es otra cosa que una interpretación desde el corazón del sistema de ideas que lo sostiene.
La Cosmología en su formalización aristótelica tiene un primer grado de simbolización consistente en la introducción del círculo y la esfera, en el de Ptolomeo hay un paso más en la simbolización y en el de Copernico y Galileo se encuentra aún más avanzado el mismo. Pero sólo Galileo y Kepler serán los que arriben al grado de simbolización más complejo hasta entonces. El primero con la simbolización de las leyes del movimiento de los cuerpos y el segundo con la simbolización del movimiento planetario y sus características en sus conocidas leyes. Es ésto lo que define la validez de un sistema y su mayor grado de veracidad, y no un empirismo o positivismo ingenuo que al inclinar la balanza para el otro lado, borra toda posibilidad de diálogo con los hechos en la búsqueda de una simbolización de los mismos. Es cierto que Galileo inaugura la necesidad de un diálogo con lo real, a través de la experimentación, en la búsqueda de concordancia entre la concepción y los hechos. Pero no es menos cierto que Galileo descarta una gran cantidad de fenómenos tenidos como hechos, para inaugurar otros, como es el caso de todas sus formulaciones sobre el movimiento de los cuerpos.
El mérito notable de Galileo es haber escapado a las trampas de una universalidad omniabarcativa que precipita y amplia la brecha entre las teorias y su concordancia con lo observado. Por el contrario, el Toscano recorta el campo de estudio cuidadosamente antes de escrutarlo con un método y dirige su atención ya no a lo general sino a lo particular, de donde obtiene la verdadera cosecha de la cual actualmente nos nutrimos. Ir a lo particular parece repetirnos; pues mas que observar, escrutar e interrogar es su secreto. Interrogar y dialogar con lo particular una y otra vez, para no perderse en los laberintos de una conclusión prematura que no es más que un anhelo del pensamiento y no un dato incorrupto de la realidad, tarea que le llevó toda una vida. En cambio el conocimiento basado en un principio de autoridad, conjetura, suposición o aún percepción, olvida que la verdad surge de un continuo despeje de lo falso, de un continuo y laborioso diálogo con la realidad y que como tal no tiene fin, pues la verdad es no sólo provisoriedad, pues en el modo con que Galileo la aborda queda contextuada dentro de un sistema que la limita y encuadra. Ya que a partir de él, la verdad es sinónimo de verificabilidad.
Si hay algo que Galileo introdujo indirectamente y sin sistematizar, es la noción de error, que era ajena al pensamiento absolutista de la época, basado en la certeza. Error que comienza con la contradicción observada entre el movimiento planetario y la explicación de Aristóteles y que es salvado provisoriamente por Ptolomeo quien pulió hasta limites increibles el sistema que estaba dando muestras de no ser una explicación verosímil de lo observable y que definía como hechos lo que no eran más que interpretaciones imprecisas. A la vez al sistematizar la cuantificación y la formulación matemática de los fenómenos, introduce también el concepto de precisión en el enunciado, eje fundamental del lenguaje científico.
Vincenzo Galilei estudio en Venecia bajo la tutoría del teórico Gioseffo Zarlino. Comienza un compendio de la obra de su maestro, pero poco a poco empieza a desarrollar sus propias ideas. En su "Dialogo della musica antica et della moderna" cuestiona las teorias de Zarlino, con quien se confronta duramente.
Galileo Galilei hizo pública su adhesión al sistema copernicano y debatió la necesidad de liberar el pensamiento científico del peso de la autoridad basada en las Sagradas Escrituras. Pero aunque había encontrado numerosos pruebas a favor del sistema heliocéntrico, las mismas no eran concluyentes. Pero tanto los jesuítas como los domínicos, comenzaron a percibir que la cosmología aristotélico-eclesiástica estaba siendo demolida en sus fundamentos. Las reacciones de la Iglesia en ese momento son encontradas,pues van desde el ataque directo a Galileo, hasta el intento de refutar sus razonamientos y conclusiones. En esta segunda actitud se alinea el cardenal jesuita Roberto Bellarmino quien en una carta de carácter persuasivo y civilizado, concluye que las argumentaciones de Galileo para demostrar la validez del sistema heliocéntrico, deben ser consideradas sólo como "opinión probable y conjetura posible" (2), siendo interesante señalar, que el destinario de la misma era un carmelita que tomó los argumentos de Galileo como una descripción verdadera y real de los fenómenos físicos.
Galileo había generado un problema inesperado para la autoridad eclesiástica. Comenzó a divulgar y a tornar pública, como centro de debate, la obra de Copérnico. Pues la misma, hasta el momento, no era muy conocida y era presentada (en el prólogo a su libro) como una creación del pensamiento que nada tenía que ver con el mundo físico. De este modo su contenido se diluía en algo así como en una fantasía geométrica. Pero la persistencia de Galileo en defender la misma como realidad física contraria a las Escrituras, creó inmediatamente una reacción en la Iglesia. Y en este sentido, Galileo también aparece como un adelantado, pues de algún modo, considera que las cuestiones de la ciencia no deben quedar como un saber privado, ajeno a la pública argumentación y difusión.
En 1615 el religioso Lorini envía a la Inquisición una carta que Galileo en 1613 había dirigido al benedictino Castelli, en la cual sostiene que las Sagradas Escrituras no pueden contradecir lo que observamos en la naturaleza, por lo tanto las mismas pueden usar un lenguaje metafórico cuando la describen. Pero Lorini alteró la carta exacerbando los argumentos de Galileo. Y en febrero de 1616 los teólogos del Santo Oficio fallan en contra del sistema de Copérnico, quedando éste de hecho, condenado en su divulgación. El cardenal Bellarmino comunica a Galileo que las tesis heliocéntricas no pueden ser sostenidas ni enseñadas, obteniendo por parte de éste la promesa de no hacerlo.
Sin embargo, Galileo prosigue reuniendo evidencias a favor del heliocentrismo y en 1632 publica con la debida licencia eclesiástica una de sus obras fundamentales: el "Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo". Dado que pronto se advierte que Galileo sutilmente ha vuelto a sostener el copernicanismo en su libro, el Papa Urbano VI lo responsabiliza de no mantener la promesa de no defender el sistema copernicano y finalmente la Inquisición lo acusa de no haber acatado la advertencia hecha por Bellarmino en 1616, y se inicia el conocido proceso que culmina con el forzamiento a Galileo a abjurar de sus convicciones en Junio de 1635. Se le impone como pena el retiro obligado de por vida en su quinta de Arcetri.
El largo debate entre Galileo y la Iglesia, se parece más a una partida de ajedrez que a un juicio. Da la impresión que Galileo buscaba llevar el tema al plano de la argumentación científica y no a un enfrentamiento. Lo que buscaba era interlocutores y no verdugos. Por su parte, los miembros más lúcidos de la Iglesia, como Bellarmino, percibían la seriedad de su adversario intelectual y quizás lo consideraban uno de ellos. El mismo Castelli -como tantos otros- había sido discípulo de Galileo. El Papa Urbano VI era amigo personal y cointegrante de la Academia dei Lincei con Galileo. Y el domínico Luigi Maraffi llega a escribir una disculpa a Galileo referente a ataques por parte de integrantes de esa orden. Lo que es más, Galileo iba obteniendo no sólo adversarios sino también partidarios. Y el cardenal Bellarmino, que no se destacaba precisamente por ser un hombre dado al sentimentalismo ni a la conciliación, pues había sido uno de los responsables de la quema en la hoguera de Giordano Bruno en 1600, transforma su pluma -ágil como una flecha para condenar-, en una herramienta elegante y persuasiva a la hora de enfrentar los argumentos de Galileo.
Pues, lo que estaba en juego en el enfrentamiento entre Galileo y la Iglesia no eran solamente dos concepciones cosmológico-astronómicas contrapuestas, sino dos civilizaciones mutuamente excluyentes, la Medieval y la que inaugura el Renacimiento. No me cabe duda que los jesuitas, custodios de la tradicion aristotelica-escolastica sobre la astronomia, y a la vez mentes agudas en esta materia, supieran aunque callaran que el sistema geocentrico era insostenible. Pero esto no era lo que latentemente encendia su condena y negacion de las pruebas ofrecidas por el toscano y por Copernico, sino que lo que temian que cediese y derrumbase era la credibilidad de la Iglesia en cuanto institucion directamente encargada del poder 'espiritual' y del poder temporal que estaba a ella sometida. Galileo representa la aurora de un cambio de Civilización en su totalidad, no sólo por sus logros en el método científico y los resultados obtenidos, sino por la transformación en los procedimientos para legitimar un conocimiento.
Cuando en marzo de 1616 la Congregación del Índice prohibió el "De Revolutionibus" de Nicolás Copérnico, todo parecía volver a la normalidad. Monseñor Querengo, con admirable sinceridad escribió al respecto: "De manera que aquí estamos, por fin, a salvo de nuevo en una Tierra sólida, y no tenemos que volar en ella como hormigas que se arrastran sobre un balón." (2)
El destino no me ha deparado la luz de Galileo, ni la esmerada
pluma de Monseñor Querengo.
Espero que mis líneas pronto se disuelvan en los fuegos de las horas.
Algún lector agudo encontrará una imprecisión aquí, un descuido
allá, que denuncien mi ignorancia. Ya que después de Galileo debemos ser -
a diferencia de Monseñor Querengo - muy cuidadosos con lo que
escribimos, pues el tiempo es insobornablemente cruel: insiste en conservarlo...
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