Shakespeare y Kukai
escrito por Carlos Fleitas

No fueron contemporáneos. El uno fue un escritor, el otro un monje budista. El uno nació en la Inglaterra del siglo XVI y el otro en el Japón del siglo VIII. Shakespeare vivió en la cotidianeidad del mundo, Kukai se retiró a la montaña para meditar. Shakespeare recreó reinos enteros en el pequeño escenario del Globe Theater. Kukai renunció al poder y al éxito en la Corte Imperial. El primero utilizó el pentámetro jámbico para develar la condición humana, el segundo el mantra Akashagarbha y la caligrafía para encontrar su destino. Pero sabemos que rostros contradictorios, pueden ser uno y uno sólo.

Shakespeare por intermedio de Prospero dice:

"Nuestra fiesta ha terminado. Estos actores,
Como os dije, eran todos espíritus
Y se funden en el aire, en el tenue aire:
Y al igual que esta visión sin fundamento,
Las lugubres torres, los espléndidos palacios,
Los templos solemnes, el mismo gran Globe,
Todo lo heredado, se disolverá.
Y al desaparecer este espectaculo insustancial,
No deja rastro alguno. Es con nosotros
que se hacen los sueños y nuestra breve vida
se cierra con un sueño...(1)

Kukai escribe:

"Contemplando un solemne castillo,
Repleto de caballos, hombres y mujeres,
Los tontos lo toman como realidad.
Los sabios conocen su vacuidad,
y que pasarán con el tiempo.
Patios celestiales, templos, palacios terrenos,
Alguna vez parecieron reales, pero retornaron a la nada.
Cómicos, infantiles son aquellos que se extravían:
no ameis ciegamente.
Meditad seriamente y pronto habitareís
en la Talidad del Palacio de la Esidad."(2)

¿La misma mano empleó la pluma y el pincel? ¿Por un momento, por un instante, ambos fueron el mismo poeta en la mente del Buda? ¿Misterios de la sincronía, en la trama del espacio-tiempo? ¿O quizás Shakespeare en la obra que ha sido considerada "a farewell to stage" deja en estos breves versos el cenit de su comprensión? ¿Su última palabra? Más allá de las preguntas, el hecho es, que el recorrido de ambos puede aparecer inconciliable; pero la tierra a la que llegan, la misma. La impermanencia, la transitoriedad, como el único hecho real y verdadero. Y ésta es fluencia, donde somos parte de un "espectáculo insustancial". Pues la percepción de la realidad como algo que tiene sustancia, que se compone de cosas fijas, no es más que una ilusión. Algo así como estar bajo el influjo de un hechizo. Pues si existe algo similar a un Creador, éste sin duda es un prestidigitador, un mago, a la manera de Próspero y no un legislador.

Somos criaturas del sueño, y todo parece un sueño, "porque la vida es un sueño y los sueños, sueños son", como afirma Calderón de la Barca. Y ésta visión de la realidad como una ilusión, en cuanto a su sustancialidad -"ésta visión sin fundamento"- proviene directamente de la constatación de la impermanencia, de la fugacidad, de la fluencia continua e irreversible que es el Universo. De allí que todo se disuelva como en un sueño, ¿en qué?: en la vacuidad, "sin dejar rastro alguno". Somos y vivimos en un Universo, que más que una morada, es un adiós.

Y al cesar la ilusión de permanencia, cesa el aferrarse, el "amar ciegamente" y la vida se torna como el agua de los taoístas, fluye sin detenerse jamás, se pliega a todo lo que llega y nos convertimos en navegantes perpetuos, en un barco sin ancla que sólo lo empuja el viento. Y la mente se torna una sucesión de percepciones, que avanza sin tropiezos, sin retener nada, sin estar ligada a nada. Esa es la mente vacía, la que fluye sin obstáculos como el agua. Esa mente es eterna, pues es un perpetuo ahora, sin antes ni después, sin pasado ni futuro. Esa mente es el Universo, y su morada el Palacio de la Esidad.


(1) Traducido de la escena I del Acto IV de "La Tempestad"
The Complete Works of William Shakespeare

(2)Traducido de: Kukai

 


Carlos Fleitas