Las Pirámides del Tiempo
escrito por Carlos Fleitas


 
"Oh tiempo tus pirámides"
Jorge Luis Borges

     La Civilización Maya nos dejó el más preciado de los tesoros que la mente humana pueda anhelar: el misterio y la ambigüedad. Las arenas del tiempo, la selva devoradora, la espada del conquistador y el fuego del evangelizador, así lo determinaron. Sobreviven desde la Península de Yucatán hasta Honduras, unos pocos templos, estelas e inscripciones como resto de su fulgor. Tres códices y los libros de Chilam Balam completan su legado en el que con esmero y precisión, testimonian sus artes y sus ciencias, sus mitos y creencias, sus éxtasis y sus pánicos, sus dias y sus noches pobladas de astros, planetas y dioses. Pero también persiste el más vivo destello de su pasado: sus descendientes, que aún perpetúan su destino y su saber.

     La Cultura Maya no se diferencia de otras antiguas civilizaciones en cuanto a que está basada en el Mito como marco y fundamento de su Universo y existencia. Es una cultura shamánico-teísta en su origen, estructura y transmisión de un saber paradigmático que actúa como regulador de su vida cotidiana en todos sus detalles. Es una cultura abigarrada de dioses, presagios, rituales, maíz, rígidas jerarquías sociales, sacrificios humanos, mitos y leyendas, amor y discordia como tantas otras. Pero como ninguna se diferencia en dos detalles: el cero y la precisión en la mensura del tiempo cíclico.

     Para el año de 655 D.C los Mayas utilizaban un sistema de numeración de base veinte que incluía el cero, que era graficado como un óvalo horizontal que representaba una concha de caracol. Pero en este caso los mayas lo utilizaron como signo separador solamente, sin ir más allá y descubrir sus propiedades operatorias como número. Pues su sistema númerico tenía otra finalidad. Era el preludio necesario para una sinfonía muy diferente: la influencia de los Cielos en el mundo de los hombres. Y esta sinfonía tenía un nombre: los Calendarios.

     Una antigua historia mítica dice que los Ancestros Estelares vinieron a la Tierra hace 10,400 años a Momostenango, Guatemala, y trajeron los calendarios con ellos. De los diecisiete que los Mayas idearon hay uno, propio de las Culturas Antiguas Mesoamericanas, que representa el orden cíclico del tiempo mito- sacro en la vida humana: el Tzolkin que significa "el orden de los días". El Tzolkin es un calendario que abarca un ciclo de 260 días. Cada día tiene un nombre y un número. Los primeros están representados por 20 glifos solares sagrados que son Imix, Ik, Akbal, Kan, Chicchan, Cimi, Manik, Lamat, Muluc, Oc, Chuen, Eb, Ben, Ix, Men, Cib, Caban, Eiznab, Cauac, y Ahau. Estos glifos representaban deidades y eran utilizados para la adivinación, y podían indicar sucesos y días fastos y nefastos según la divinidad que los presidiese. Regía actividades y decisiones de importancia de la sociedad y los individuos, como celebración de matrimonios, dias auspiciosos para los negocios, determinación del destino según la fecha de nacimiento, cosechas, y dias propicios para entrar en batalla.

     En el Tzolkin el ordenamiento de los días configura un patrón no lineal de tiempo como el nuestro sino que los ciclos de veinte días se suceden con un patrón diferente. Así el calendario comenzaria con 1 Imix, luego 2 Ik, 3 Akbal hasta 13 Ben y allí sigue 1 Ix, 2 Men, 3 Cib etc. Es decir recomienza el conteo de 13 a partir del mes que sigue al anterior numerado 13. Así hasta llegar al día número 260 que sería 13 Ahau. Esto significa que para los antiguos mayas el tiempo no solamente es cíclico sino que tendría un movimiento en espiral, forma que está presente desde las galaxias, a dibujos en patrones inorganicos y en el ADN humano. Esta trama helicoidal del tiempo también tiene su eje mítico en la espiral como símbolo de un recorrido iniciático de descenso y destrucción en el Inframundo y de renacimiento, propio de un tiempo sacro-mítico cuya característica es el eterno retorno.

     Si bien el Tzolkin no corresponde a ningun período astronómico específico, sirve de común denominador para resumir los ciclos del Sol Luna y Tierra, Venus, Marte y el resto de los planetas. En particular se supone que surgió para estructurar los ciclos relacionados de Venus y el Sol debido a que 5 ciclos de Venus=8 Haab(calendario solar). Sus 260 días equivalen a 9 Lunas que equivalen a 9 meses de la gestación humana que también equivalen al tiempo que media entre la siembra y la cosecha de cierto tipo de maiz.

     Este reloj cósmico está estructurado además en base a 13 números (13 numeros por 20 dias es igual al ciclo completo de 260 días). El 13 es un número sagrado. Para los mayas el cielo se divide en 13 niveles.En cada uno de ellos gobiernan los Oxlahuntikú (Trece Dios) que son los 13 dioses del mundo superior, que son considerados 1 solo Dios. 1 Dios con trece manifestaciones. 13 es el número de giros por año de la Luna alrededor de la Tierra. Encontramos en él pues, alusiones astronómicas, biológicas, linguisticas y mitológicas.

     Pero había otro calendario, otro ciclo de tiempo complementario y asociado al Tzolkin, el Haab que significa "ciclo de lluvias". El Haab cuenta los meses y corresponde al ciclo anual de tiempo que le toma al planeta Tierra el dar un giro completo alrededor del Sol. Abarca un ciclo de 365 días dividido en 18 meses de 20 días con un mes corto de 5 días llamado Uayeb. Seguramente comenzaba en el mes que hoy corresponde a Julio, de nombre Pop para los mayas.

     Ambos calendarios coinciden cada 52 años o 18.890 días, que es el período de tiempo necesario para que las posiciones iniciales de ambos vuelvan a coincidir entre sí. Este es un nuevo período que utilizaban los Mayas, que sería análogo a nuestra centuria actual. El fin de cada ciclo de 52 años era temido pues podría ser el fin del mundo si los hombres no habían conformado a los dioses. El Haab es pues un ciclo anual, mientras el Tzolkin estructura otro tipo dimensión cíclica, de carácter sacro, mitico, ritual y adivinatorio, algo así como la ventana de comunicación con los poderes supranaturales y los mundos no-terrenales. El primero se acerca más a los intereses del tiempo histórico y el segundo a los mítico-religiosos de la sociedad maya. Conjuntamente delimitan un marco único para predecir eclipses, fijar días para festividades, predecir el destino individual y colectivo, estructurar ciclos agrícolas, peregrinaciones a templos de culto, momentos de entrar en guerra, enmarcar la astrología y la predicción.

     Llegado a este punto, amable lector, temo no haber agregado nada a sus anhelos. Los números, los ciclos de tiempo cósmico-astronómicos, con su sincronía o diacronía, son un tejido abstracto, rumoroso y mudo, pues nada nos dicen. Sé que no he agitado su esperanza o su terror, su dicha o su pánico, su destino o liberación, su desdén o aprobación. Trágico destino para la escritura! Ya que la función de la misma es la ingeniería de develar lo invisible que anida en lo real para llevarlo a otro plano de comprensión tan probable como lo improbable. Pues un pulso casi imperceptible acecha en estos ciclos y sus números: el invencible rostro del futuro. Pues la mensura y la precisión no eran un mero juego de la mente para los Antiguos Mayas: eran el cristal inexorable para escrutar lo porvenir en el marco de su Cosmovisión.

     Para los Antiguos Mayas el tiempo cósmico se anudaba en grandes ciclos de creación y recreación del Universo. Estos vinculaban los ciclos astrales y planetarios, que representaban potencias y divinidades y su comportamiento, con los sucesos y devenir de la historia y la sociedad humana y sus viscisitudes. Por ende su conocimiento era privilegiado, por ser de vital importancia en su afán de predecir y prever los mismos, debido al impacto que podrían tener sobre su vida individual y cotidiana, histórica y colectiva. Para la mensura ciclos más largos utilizaron otro artificio: la llamada Gran Cuenta basada en las siguientes unidades: un kin (un día); un uinal (un mes de 20 kins); un tun (un año de 360 kins o 18 uinals); un katun (20 tuns); un baktun (20 katuns, o 400 años). Unidades mayores incluian el pictun, el calabtun, el kinchiltun y el analtun. Cada analtun era equivalente a 64 millones de años. El actual ciclo cósmico -el quinto para los Mayas- comienza el 13 de agosto de 3114 A.C., cuando el Primer Padre y la Primera Madre crearon el mundo en el cuarto ciclo. Esta es la fecha de comienzo de la cronología Maya similar al uso que hacemos del nacimiento de Cristo para fijar el comienzo de nuestra era.

     Uno de los ciclos que se relaciona con la misma es conocido como el Gran Ciclo. Es el período de 13 baktunes que terminará el 22 de diciembre del 2012 y que los mayas representaban utilizando el sistema de la Larga Cuenta así: 13.0.0.0 es decir 13 Baktunes o 1.872.000 uinales (días). Este Gran Ciclo comenzó en el día 4 Ahau y terminará en un día 4 Ahau. El comienzo es el fin y el fin recupera el comienzo en las espirales del tiempo Maya. Pero el ciclo más largo de su Cosmología - y que tendría su propio calendario- es el que corresponde al período que el Sistema Solar evoluciona en torno al cúmulo estelar de las Pleyades con una duración de 26.000 años.

     El Gran Ciclo de 13 Baktunes está llegando a su fin. Según leo, los glifos mayas para el período 1992-2012 son 13 Reed/20 Ahau. 13 Reed sería el glifo que en combinación con el último glifo del calendario 20 Ahau, representarían la sincronización y unificación de todos los ciclos y el alineamiento planetario, lo que traería cambios evolutivos significativos. Además el actual quinto Gran ciclo sería una síntesis de los cuatro anteriores y estaría simbolizado por el glifo Ollin que significa movimiento y cambio. El próximo Gran Ciclo Cósmico comenzaría el 23 de diciembre del 2013, por lo que estaríamos según los simbolos y los signos, en el umbral de grandes transformaciones.

     Las sociedades antiguas como la Maya son sociedades Mito-Cósmicas donde la vida se ordena en forma radicalmente distinta a la que hoy nos toca vivir. Para esta Civilización -como para la mayoría de las Culturas Antiguas-los ciclos de tiempo cósmicos estaban intimamente entrelazados a su Cosmología, su Cosmogonía, su Religión y a su Mítica y allí y sólo en ese contexto cobraban su verdadero sentido. No observaron los ciclos astrales y planetarios para obtener un conocimiento astronómico de ellos en el sentido contemporáneo, sino para conocer el comportamiento de los dioses y fuerzas supranaturales y por ende conocer y preveer los sucesos que ocurrirían a la naturaleza y a los seres humanos como consecuencia de los mismos.

     Comprender los ciclos astronómicos, es entender la conducta de los espíritus invisibles y dioses todopoderosos que todo lo dispensan o todo lo arrebatan como patronos supremos de la vida y la muerte, de lo fasto o lo nefasto, y de los fenómenos naturales asociados a la agricultura. Al fijar calendarios -que posibilitaban mediante la medida del tiempo la predicción ordenada basada en su Cosmovisión- el Universo se vuelve predecible y en base a ello es posible planificar la conducta invidual y colectiva en sincronía con la de los dioses y sus actos, anticipando en el fluir del tiempo las respuestas más apropiadas a los dones que estos dispensan o a las calamidades que pueden provocar. El empleo de ritos y ceremonias son la técnica para exaltar o atemperar a las potencias naturales y supranaturales que todo lo señalizan, comunican y determinan. En su concepción -de fundamento visionario y shamánico- el Cosmos Maya se desenvuelve de ese modo y la misma de por sí, es lo suficientemente rica en su formulación y en sus acontecimientos para ir más allá de ella.

     Tomemos como ejemplo la significacíón de Venus para los Antiguos Mayas. Este planeta tiene un curso que siempre intrigó a los pueblos. El llamado período sinódico es el período de tiempo entre que Venus aparece como estrella matutina, realiza su recorrido en el cielo y vuelve a aparecer en la posición inicial. Dura 584 días que era un número sacro para ellos. Este ciclo de Venus puede ser calculado a partir del momento que pasa entre el Sol y la Tierra. En este período no es posible verlo desde nuestro planeta. Luego se hace visible como estrella matutina se aleja del Sol hasta desaparecer en el horizonte, vuelve a reaparecer como estrella vespertina hasta volver a su posición inicial. Este ciclo era para ellos, de una significación extraordinaria pues Venus estaba asociado con una divinidad (posiblemente la contrapartida Maya de Quetzalcoatl), y al tema iniciático shamánico de esqueletonización ya que el planeta es simbolizado por un craneo.

     El ocultamiento del Sol y de los astros en la Cosmovisión Maya tiene un significado sacro. No desaparecen, sino que al no ser visibles es que se encuentran recorriendo el inframundo en un proceso de muerte y renacimiento. Es de hacer notar que los Mayas dividían el movimiento de Venus en cuatro intervalos con un agregado de ocho días en que no era visible desde la Tierra. Este ocultamiento del planeta, significaba para los Mayas la muerte del Dios, que yacería por cuatro días en el Inframundo, luego se vería reducido a sus huesos por cuatro días más, para finalmente emerger como estrella matutina. Y en su surgimiento como tal portaba las fuerzas de la oscuridad y sus potencias destructivas, además de significar el ya mencionado tema shamánico de muerte y renacimiento, ciclo omnipresente en su Cosmovisión. Y cuando tenía el brillo más tenue de su ciclo en el Cielo, se realizaban sacrificios humanos pues la sangre humana era también un fluido sagrado con que se alimentaba a los Dioses para vivificarlos y eventualmente para aplacar a las divinidades y potencias mortíferas. Las guerras posiblemente eran planeadas, en base a ciertas posiciones de Venus y Júpiter. Es por ello además que las sincronizaciones de los ciclos planetarios y astrales con la Tierra eran objeto de observación y cálculo cuidadoso por sus repercusiones y significado.

     Los Mayas aún son un pueblo palpitante que tiene su propio argumento y reclama su propio destino. En innumerables ciudades desde el Yucatán hasta Honduras siguen tejiendo sus Mitos y su Historia. Sus antepasados observaron como ningún pueblo lo ha hecho los ciclos astrales y planetarios, los correlacionaron entre sí y los sincronizaron. Intuyeron que el Cosmos es una polifonía de tiempos cíclicos y que nuestro destino está inexorablemente unido al acontecer Universal, que poblaron de dioses, energías y mitos vivos que modelaban sus días. Pues en la infatigable noche de Tikal, Chichen-Itze, Uxmal, Copan y Palenque, los Mayas con sus calendarios nos legaron un Universo simbólico y vivo, lleno de sugerencia y misterio, pues lo que en él descubrieron, son los cíclicos peldaños de las pirámides del tiempo...



Jorge Luis Borges: "La Biblioteca de Babel" en Ficciones Emecé
Editores Colección Piragua Sexta Edición abril 1966 Buenos Aires

Sitios Web consultados:
Maya Vocabulary
Introduction to Mayan Calendar
The Mayan Calendar
The Mystery of the Mayan Calendar
Jaguar Sun
Mundo Maya
Astronomia Digital
Religion
Shamanistic Cosmology of Ancient Maya
Quetzalcoatl