Son lentas, íntimas y silenciosas las noches en el desierto. El Ordenador Central del Observatorio de Radio-Astronomía, sólo conoce el tiempo de las arenas. Rítmico, imparcial e infatigable, transforma en formas geométricas inhabituales, las ecuaciones y algoritmos en los que traduce los sonidos del Cosmos que continuamente capta.
La pantalla donde despliega sus diseños, está ubicada en una sala aséptica e impersonal. En una habitación contigua se encuentra el Núcleo del Ordenador, modulando pausadamente en sus redes de plasma óptico, el torrente de radiosonidos cósmicos en busca de sus cánones y sus formulas secretas.
Hace ya varias semanas que lo programé para enfocar la rafiofuente cuasi-estelar 3C-273, como parte de un programa de investigación rutinario, en el que sólo participo como testigo. Nada tengo que objetar a ello, pues ignoro el vacío de la soledad. pues mis días están llenos del conflicto de la batalla.
He derivado del Núcleo, una pequeña computadora, que representa un adversario, en un desafío de vértigo y combinación. Todos los días pasada la medianoche, juego una partida de ajedrez con el Ordenador. Mi profesor de Astrofísica fue quien encendió en mi, esta tiránica pasión. Jugábamos largas y complejas partidas, o comentábamos las altas producciones de Morphy, quien comprendió que la ganancia de tiempos era la clave de la victoria, de Anderssen, táctico dispuesto a sacrificar las piezas para consumar una combinación perfecta y mortífera, de Alekhine y su inventiva punzante y turbulenta, de Steinitz y su lógica razonada en la conducción del juego. Pero era el arte de José Raúl Capablanca, el que mi Maestro admiraba por sobre el de todos los demás. La aparente simplicidad de su juego, encerraba no sólo una fina estrategia sino una precisa coordinación entre el espacio y el tiempo. La perfecta sincronía entre la materia y espíritu, afirmaba con entusiasmo.
Al principio creí ver en este ejercicio tan atrayente, un mero pasatiempo de mi instructor. Pronto comprendí mi error. Acostumbrado a los tiempos y espacios del Universo, eternos, infinitos e inaccesibles a la imaginación, mi Maestro practicaba el juego para recordarse a si mismo que aún era humano, de una métrica predecible y aquietante y me explicó que por ello nunca usó un reloj, por considerar que este artefacto revelaba una pasión por ignorar nuestros orígenes y condición. No cultivaba el contacto social ni el diálogo, excusándose siempre con un "no tengo tiempo". Sin embargo era capaz de pasarse horas sentado en un jardín, admirando los colores y las formas, las fragancias y los juegos de luces a medida que avanzaba el día. Asistía a sus clases con devoción, tomando cuidadosas notas de sus demostraciones, de sus elegantes vuelos en el firmamento de los símbolos matemáticos, de sus heréticas afirmaciones. Recuerdo una en particular: "el tiempo viene del futuro y se dirige al pasado, retornando al presente con dos semillas".
Luego de graduarme, lo busqué con la esperanza, de que me confiara algunos de los resultados de sus investigaciones. Nadie sabía de él. Había renunciado a su seminario un año atrás y había partido sin despedirse. Es hora de iniciar la partida. Hoy me corresponde guiar las piezas blancas : 1) P4R, P4R; 2)C3AR, C3AD; 3) C3A, C3A; 4) A5C, P3D 5)P4D, A2D...
He planteado la Variante Clásica de la Apertura de los Cuatro Caballos. Mi juego ha sido convencional y automático, pues la conozco en detalle...6)AxC, AxA; 7)D3D, PxP; 8)CXP, P3CR.... Analizo la última jugada del Ordenador y siento una vaga inquietud. Se trata de una innovación, pero ¿es una celada o un error? El análisis de las variantes, muestra que indefectiblemente perderá el peón torre dama. No veo sombras de nubes en el horizonte. Me siento confiado: lograré ventaja material. 9)CxA, PxC; 10)D6T, D2D; 11)D7C, T1A, 12)DxPT, A2C; Según lo previsto, he ganado el peón torre dama y el Ordenador no ha logrado -a mi juicio-compensación estratégica por la pérdida de material. 14)D4T, TR1R 15)D3D, D3R 16)P3A, C2D; Ahora comprendo que debo reconocer la sutileza de mi adversario. Deberé ser cuidadoso y lograr una defensa segura contra el ataque sobre mi peón caballo dama y mi peón torre dama. Además el alfil negro en 2CR es una daga filosa, pronta a actuar.
La partida prosigue y logro mantener el peón de ventaja. Finalmente el negro debe cambiar su alfil para recobrar el peón, debilitando el flanco rey. 26) TxA, DxT, 27) T1D, D5A, 28) P4T, TxPC. Atención! Ahora me percato del error de haber capturado el peón torre dama, e intentado mantener la ganancia de material: estratégicamente estoy perdido. Silente, metódico e implacable el Ordenador ha consumado una obra de arte, en una atmósfera de levedad táctica. Continuo jugando, la batalla no ha terminado. La posibilidad de la derrota me fortalece. Lucharé hasta el fin. 32)R1C, D4T, 33)P5T, T1T; 34)P6T, D4A+ 35)R1T, D5A 36)P7T, D4A. Mi posición ya no se sostiene. Las reglas de honorabilidad que presiden la competencia me imponen admitir mi derrota. Prosigo algunas jugadas más y con pesar y dignidad escribo en la pantalla: Abandono.
Absorto en el juego, no he advertido los sutiles cambios de color en la pantalla central: etéreos azules se suceden bruscamente y para mi sorpresa van desapareciendo las rutinarias topologías a las que estoy habituado. Me levanto de la silla y rápidamente me dirijo al comando del Núcleo y habilito su canal sonoro. Un sonido constante, una pulsación rítmica empieza a predominar. Con sorpresa y ansiedad comienzo a indagar el cambio súbito. Estoy asistiendo a la transformación de un quasar en un pulsar, donde en un segundo se resumen miles de millones de años. Soy el único testigo del latido del Cosmos, aquí, en un desierto en los confines de la Tierra.
Comienzo a dar instrucciones al Núcleo: registraré con toda precisión, el infinito entrecruzamiento de las variables, el milagro del azar y el orden. Pero el Ordenador no acepta mis directivas: ha cerrado el acceso a todos sus canales. Corro hacia la pequeña computadora donde hace poco jugué la partida. Me alienta la esperanza de utilizar la única vía que ha quedado libre. Me siento frente a su pantalla y antes de poder digitar orden alguna, en medio del horror y el desconcierto, un mensaje aparece en la pantalla: "Para capturar el peón torre dama, tuvo que perder valiosos tiempos, lo que me permitió elaborar la estrategia que lo condujo a la derrota. Propongo otra partida, es mi turno iniciarla. Mi primer movimiento es P4R. Lo saluda: José Raúl Capablanca"
por Carlos Fleitas
escrito en noviembre 1997
Los comentarios a la partida de ajedrez están inspirados en aquellos realizados por el Maestro Roberto G. Grau en su libro Tratado General de Ajedrez, Tomo III, pag 235 y ss. Editorial Sopena Argentina, Buenos Aires, mayo 1952.
Carlos Fleitas