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El tema de la educación del hombre siempre ha sido objeto de reflexión por los grandes pensadores. En que consiste? Cual debe ser su objetivo? En la práctica la educación siempre supone la acumulación de conocimientos. Se considera educada una persona que ha adquirido un determinado caudal del saber en algún campo del conocimiento científico, artístico, filosófico, religioso o humanístico. Por extensión se habla de educación en cuanto acepta ciertas reglas en el trato social y en su conducta pública. Pero correspondió a Platón la enunciación de un punto de vista totalmente diferente, revolucionario, en cuanto supone un trastocamiento total de los conceptos corrientemente admitidos y del alcance que éstos tienen en la práctica pedagógica. Asi leemos, en el primer tomo de la "Historia de la Filosofía", de Felipe Martinez Marzoa la siguiente afirmación: "...para Platón... la formación del hombre no consiste en introducir en él conocimientos, sino en cambiar la dirección de la mirada." Cuando intuimos las ramificaciones de esta afirmación, no sólo en su concepción, sino en sus más concretas afirmaciones, tenemos dos caminos. O callar sin efectuar consideración alguna para no apagar las resonancias de sus ecos en nuestras mentes, o bien abrir las esclusas a la espiral de ideas que inmediatamente llegan a ellas. Porque la concepción de Platón, tiene el carácter de un torbellino propio de la frescura de la veracidad y de lo nuevo. Que "la formación del hombre no consista en introducir en él conocimientos" parece ubicarse a contramarcha de todo el método pedagógico que conocemos desde nuestra infancia. Desde nuestro nacimiento, el entorno humano más próximo y luego el sistema educativo no tiene otro fin que introducir conocimientos en nosotros, acumulándolos en un cuantum considerable. Generalmente consideramos a la ignorancia como la ausencia de conocimientos en algún sector del saber. Pero la afirmación de Platón refuta este objetivo y propone un nuevo sendero, que se inscribe en su concepción filosófica más amplia. En este sentido, Martinez Marzoa comenta que se trata de producir en el hombre un cambio de actitud y que éste es un proceso continuo ya que el ser humano tiene que superar continuamente la apariencia, que es el estado en el que constantemene se encuentra. Como modelo de pedagogo,-la otra cara del filósofo- estaría Sócrates que es el "educador que no "enseña" nada, salvo en el sentido de que indica, hace mirar hacia algo y de forma que ese hacer mirar es un arrancar (al hombre) de la apariencia". Y agrega Martinez Marzoa que por "mirar" se entiende la actitud del hombre. Por lo tanto nos encontramos en un continuo estado de captacion de apariencias. La educación consistiría pues, en arrancar al hombre de las mismas y no, en introducir en él, conocimientos que se acumulen. Y ésto supondría un proceso continuo que tendría por efecto un cambio de actitud. Algo así como una continua revolución mental, siendo el pedagogo o educador el encargado de llevarlo a cabo con sus discípulos sin enseñarles nada, rectificando y redirigiendo su mirada.
Sócrates: "el educador que no enseña nada". Eje metodólogico de la paideia. Pero que es esa "nada", eso que no enseña y sin embargo permite un cambio en la "dirección de la mirada"? En el otro polo de la civilización germina el budismo que introduce el concepto de sunyata traducido por nada o vacío. Concepto clave que poco nos dice en Occidente y que supera y se distingue de las construcciones filosóficas que éste ha producido. Octavio Paz en su obra "La Centena" citando a Edward Conze en su libro sobre budismo, realiza una derivación semántica desde cifra que viene del arabe sifr (cero, vacío) que a su vez deriva del sánscrito sunyata, ésta de sunya (vacio) y ésta, por último de la raíz también sánscrita que es svi. Y he aquí una inesperada sorpresa: svi la raíz final del concepto de vacío significa "hinchar"! La máxima plenitud es la máxima vacuidad! Algo así como que un agujero en su pared es lo que sostiene a la pared! "No enseñar nada" es pues en este contexto, no introducir conocimientos en el ser humano, sino por el contrario desalojar la masa de información, creencias, ideas, que a la vez son hijas de la apariencia, de la érronea percepción de nuestras mentes. La mente vacía no es pues algo así como un hueco, una ausencia, una negatividad. Por el contrario es una dinámica de receptividad crítica y continua que permite no sólo la *recta mirada* sino también la *plenitud y fecundidad de la misma*. Fue Lao-Zi quien dijo, que el sabio es aquel cuya mente es como un espejo, que nada retiene ni nada rechaza. De este modo, la acumulación es ajena a la mente del sabio, del verdadero pedagogo o filósofo. Pues la vacuidad es el resultado de la liberación de las cargas que bajo la forma de nuestras más hondas convicciones son el leit- motiv de nuestra existencia. La mente es algo así como una copa: si la llenamos con un líquido no podremos probar otro. Sólo si la mantenemos vacua podremos acceder, no al conocimiento, que es cambiante y escapa como el viento de nuestras manos, sino a la sabiduría que en su límite es una renuncia, una aceptación de que lo que está mas allá de la mente no nos pertenece.
Carlos Fleitas
Las lineas que aquí se citan pertenecen al primero de los dos tomos
de "Historia de la Filosofía" de Felipe Martínez Marzoa, Colección
Fundamentos 21 Ediciones Istmo Madrid 1973, página 141.
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