Muqi Fachang


Muqi Fachang o Mu-hsi Fa-ch'ang vivió entre 1220 y 1290 en el Sureste de China. Es considerado uno de los más autenticos representantes de la pintura zen. Sus materiales eran sencillos, su técnica superior y su don inigualable. Es poco lo que sabemos sobre su vida, salvo que obtuvo mucho reconocimiento y que un siglo despues de su muerte su estilo era imitado por artistas japoneses, a tal punto que la produccion que ha llegado hasta nosotros plantea problemas de atribución. Y es el caso que, el monje japonés Mokuan a principios del siglo XIV hizo suyo el estilo de Muqi con tal perfección, que llego a ser considerado como una reencarnacion de Muqi. Por ello, recibió los sellos del maestro chino en honor a su verdadera identidad. De este modo, Mokuan utilizó los sellos de Muqi en sus propias pinturas y dada la gemelaridad de estilo, no es fácil decidir cual fue la mano creadora. Así el cuadro titulado "Seis caquis" es atribuido por unos a Mokuan, por otros a Muqi. En mi caso prefiero atribuirselo a Muqi, pues al fin de cuentas, Mokuan era su reencarnación. Y como todos, ambos tienen el mismo rostro y esgrimen el mismo pincel en la mente del Buda...

El cuadro de Muqi presenta seis caquis, distribuidos irregularmente, sin estar ubicados en el espacio de una manera predeterminada. Dado que trabaja con tinta negra, los matices son limitados al espectro negro-blanco pero muestran una considerable variación, desde el oscuro intenso hasta el decididamente claro. Uno de ellos se destaca como figura, el resto se agrupa en el fondo. La superficie que queda libre no está ornamentada, ni figura objeto alguno tal como es de uso en las naturalezas muertas de la pintura occidental, tales como un canasto, o una tela. El fondo, se reduce a una superficie que simplemente permanece vacía. Los frutos simplemente están allí, a solas consigo mismo, librados a su propio peso visual.

Y he aquí una primera característica de la obra: son pura presencia. Se sostienen a si mismos. No hay nada más. Sólo su insistencia que capta la mirada y la focaliza. Quizás ésta se detenga buscando algo más, pero esa busqueda de algo que este fuera de ellos y los sostenga o contraste es inútil. Muqui los muestra como incomparables e incontrastables, es decir no hay nada en que la mirada pueda apoyarse para compararlos o contrastarlos. Solo un espacio vacio en el que estan suspendidos. Pero no es una poetica del vacío la que el maestro nos muestra, sino una poetica de la singularidad y de la pura presencia.

Poética de la singularidad. Cada uno de ellos es un destino en sí, un suceso en el mundo, irrepetible e insobornable. Y es tal el logro de Muqi, que a pesar de que se hallan agrupados, cada uno retiene para sí su mismidad propia, su existir de por si y para si. No hay ninguno que sea sacrificado en aras de un principio colectivo o de pregnancia gestaltica. Porque su clave es que más alla de la mirada que los observa agrupándolos, persiste su pulsacion propia, su insistente latido que parece dotarlos de una subjetividad. Sujetos y no objetos, o mejor dicho, si llevamos hasta el límite esta consideración, superación de toda antitesis posible que pueda formularse o develarse mediante el lenguaje, para adentrarnos no en otra dimension de la realidad, sino en aquello que ella ofrece como presencia y que la mirada humana insiste en desatender por considerla algo marginal e innecesaria en cuanto no deviene en produccion útil alguna.

Pero es allí justamente, en esa prosa, donde Muqi se detiene. No busca la gala ni el esplendor, no adorna ni viste. Sólo muestra aquello que esta a solas consigo mismo. No se trata de la vacuidad, sino de lo que en ella retoña y florece brevemente, para desaparecer luego sin rastro. Se trata del más apasionado testimonio de lo humano constatándose a si mismo como ser que existe, en tanto es capaz de extraer del umwelt que lo rodea, aunque sea sólo momentaneamente, presencias que lo superan pero que desde siempre lo han acompañado en su tránsito efimero por el universo. Intento de perpetuar aquello que aunque desatendido, está allí para ofrecerle la verdadera liberación de su condicion y de su propio destino pasajero, desencadenándolo momentaneamente de su propia separatidad, que se resume en que es un cuerpo, es decir una sustancia recortada y librada a sí misma en la trama de la vida universal.

Sin embargo, esta poética de la singularidad y de la pura presencia, tiene un giro inesperado. Pues Muqi por contraste, nos muestra en su obra, no lo que son, sino lo que no son. En esta inesperada sustracción, se realiza entonces el logro de su arte: que no existe una realidad última más alla de nuestra captación en la que el sujeto humano se realizaría de pleno, accediendo a una clave enigmática y secreta que lo libere y lo aquiete. No hay promesa, ni bendición alguna. No hay paraíso del intelecto, ni de la interpretacion. El arte en Muqi no habla. Sólo señala...


Post Scriptum
Para un estudio muy detallado de la obra de Muqi recomiendo la siguiente tesis escrita por Carol Constance Lind: Contents de donde he extraido algunos datos históricos. Encontrará allí también, una imagen de los 'Seis caquis' de Muqi

por Carlos Fleitas.
octubre 2004.