En la simétrica geometría del tablero,
un joven de Nueva Orleans reflexiona.
Despliega la primera pasión de sus días,
que en su infancia concibieron una trama:
la combinación, el cálculo y el número,
el espacio, el tiempo y la mirada.
Sus manos conocen la diversa textura
de las piezas, su ubicación precisa,
su tránsito felino, la rapidez fulminante
del desenlace súbito; el largo trazo tejido
desde el comienzo de la batalla.
En las largas diagonales del alfil,
en los rectos senderos de las torres,
en la alquimia del blanco y del negro,
fuiste vencedor, peregrino y poeta,
Nunca, Pablo Morphy, podré olvidar tu magia,
tu invención, la precisa relojería de tu arte.
 
Carlos Fleitas