Montevideo
Es la ciudad donde nací, ciudad de ojos quietos,
pausa entre el Atlántico y el Plata.
Es el nombre de sus calles, avenidas y plazas,
que todos repetimos sintiendo como cosas nuestras.
Es Alejandro Bauzá maestro de ajedrez,
hablándome de la paz y la batalla.
Es la esperanza, tantas veces perdida y tantas veces recobrada.
Es el deseo de partir y dejarla, de volver y reencontrarla.
Es el arte de la economía del verso y la palabra,
que espero inaugurar cada día, en el buen decir de lo que hablo.
Es el mar que va hacia el mar y éste al océano.
Es el poema Buenos Aires de Jorge Luis Borges,
del cual estos versos han tomado su forma e inspiración.
Es el Boulevard Artigas entre Veintiuno de Setiembre y la Rambla,
con su luna firme en el cielo de primavera.
Es Oribe Rodriguez internándose en su bote a remos,
en el azul del mar azul, rumbo a la tierra prometida.
Es un vuelo súbito de palomas.
Es el otoño en el Parque Rodó, con su círculo de colores.
Es el imprevisto aroma de jazmines al doblar una esquina,
en una noche de verano.
Es Julio Novoa leyendo su poema Homenaje al Blanco,
donde enumera las diversas formas en que este color se presenta.
Es quizás una calle breve, íntima, de una cuadra apenas,
donde el silencio deja oir su voz.
Es el silencio de sus madrugadas y la luz de las mañanas.
Es la casa que ya no está, los rostros que ya no son,
la calle que ayer cambió.
Montevideo, es también lo nuestro y lo conocido,
lo ajeno y desconocido...
Carlos
Fleitas
escrito en 1999