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Wittgenstein y el koanEl koan zen es uno de los modos preferidos por los antiguos maestros para transmitir la enseñanza. Generalmente es presentado como un problema que el discípulo debe intentar resolver. Problema en el sentido matemático, es decir, resolver una incógnita a través de un proceso lógico-deductivo. Como una ecuación. El discípulo por su parte deberá meditar en él y llevar a una breve entrevista con el maestro, sus progresos en su intento de solucionarlo. La meditación transcurre en una sala especialmente acondicionada para ello. Ausencia de estímulos externos, silencio y quietud. Todo aquello que pueda distraer al díscipulo de su concentración en la resolución del koan, es eliminado. La cantidad y variedad de koans es inmensa. Pero son muy breves en su formulación. ¿Cual es el sonido de una sola mano aplaudiendo?, o ¿Cual es el color del viento? o ¿Cuando los muchos son reducidos al Uno, a que es reducido al Uno? Este es el método. Pregunta-respuesta. Y el koan, la movida inicial de una curiosa partida de ajedrez, que el discípulo deberá jugar con el maestro. Luego de planteado el koan, el discípulo se retira a meditar. Y trae una primera respuesta: "el viento no tiene color." A lo cual el maestro le podría replicar: ¿"es el viento el que no tiene color o eres tú quien no puede percibirlo."? Vuelta a la sala de meditación. A veces el maestro guarda silencio, o realiza un gesto, o dice Mu! respuesta que parece haber complacido a muchos de ellos. El discípulo por su parte redobla sus esfuerzos. Si ha leido sobre zen previo a su ingreso al monasterio, quizás piense que la respuesta que le dió en primer lugar signifique que es el "ego" el que no permite ver la realidad tal cual es. Vuelta al maestro. Mu! Vuelta a la meditación. Intenta resolver el koan, mediante el artificio de continuar utilizando símbolos o mas precisamente pensando. "Quizás el viento represente la impermanencia y el color aquello que engaña a la mente como una ilusión de permanencia." Vuelta al maestro. Y éste le dice: "Es una solución demasiado sofisticada." Y así. El discípulo ha ido a liberarse del samsara y el maestro lo ha metido en él hasta el cuello. Pero lo inesperado, lo imprevisto, puede ocurrir. Habiendo agotado todas las posibilidades de solución, el discípulo ha llevado el pensamiento hasta el límite en su afán de resolver el misterio. Ha puesto en juego todos sus recursos y no ha encontrado la respuesta. Entonces surge un relámpago en el cielo claro. La mente se aquieta y se vacía. Estallido. Satori. ¿Que ha sucedido? Ludwig Wittgenstein fue un filósofo occidental que lo comprendió. "La solución del problema de la vida se nota en la desaparición de ese problema. (¿no es ésta la razón por la que personas que tras largas dudas llegaron a ver claro el sentido de la vida, no pudieran decir, entonces, en qué consistía tal sentido?). " Es decir el problema desaparece, porque no es posible resolverlo por el pensamiento. No hay solución. Pues: "La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo." Es el pensamiento, que opera en el espacio y el tiempo, el que estimulado por el maestro, ha creado el problema donde no lo hay, intentando resolverlo cuando no es posible por esos medios. En una palabra, el discípulo ha creido que estaba jugando una partida de ajedrez, pero no sabía que no había piezas ni tablero desde un principio. "Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo mas mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta." afirma el filósofo. Pues el sentido, la respuesta, pertenece no al orden del pensamiento, sino a lo inexpresable. Y que es lo inexpresable, pregunta Wittgenstein. Es lo místico. "No como sea el mundo es lo místico, sino que sea"
El mundo, el Universo es Thathata. Eso.
Y el koan, un medio para experimentarlo. Para comprenderlo.
Pero no mediante el pensamiento, sino en el sentido que le
dió San Juan de la Cruz, en la cumbre de su iluminación:
"Este saber no sabiendo es de tan alto poder, que los sabios
arguyendo jamás le pueden vencer; que no llega su saber a no
entender entendiendo, toda ciencia trascendiendo".
De allí que luego de haber atravesado la experiencia Zen,
en este caso a través del koan, el discípulo concluirá
junto a Antonio Machado: "En preguntar lo que sabes,
el tiempo no has de perder. ¿Y a preguntas sin respuesta,
quién te habrá de responder?"
escrito por Carlos Fleitas.
Abril 2002. |
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