Allí estás, en la cristalería de las rosas,
Mutaciones y centro.
Tiempo planetario, insomne y mensajero,
que engendró tus dones:
Agua dorada en tu palabra verdadera.
Allí estás, angélica y terrena,
con los cirios ardientes de tu memoria.
Allí estás, mientras la tarde en su declive,
pinta cisnes de blanco, azul y blanco.
Allí estás y al amanecer del séptimo retorno,
cantaré para tí una canción de cuna,
amiga del Sol, opuesta de la Luna.
Bienaventurada seas, Julia.
Tuya es la hilandería de la flor,
la Eterna luz del estrellado cielo.
Carlos Fleitas