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El jardín japonés

Para pintar un puente, Monet tuvo que recrear un cosmos y para ello tuvo que convertirse en jardinero. Pues ésta es la historia de su "Japanese Bridge", que no es otra que la del principio fundamental de que nada quede librado al azar o a lo accidental en un Jardín Japonés. Pues el mismo, no es una mera reproducción de la naturaleza o un despliegue estético. Es una recreación humana que, tomando por material la naturaleza, compone un nuevo orden donde el sincretismo de símbolos, principios que guian su construcción y una sensoriedad particular, conforman una nueva totalidad. Recreación que en último término tiene por función una experiencia develadora e inmediata, que supera lo que fundamenta su construcción y que puede ser aprendida por la mente, más allá del pensamiento y de la descripción verbal. Y que es lo está más allá del pensamiento y del lenguaje? Es lo inexpresable.

Y éste es el objetivo del jardín japonés. Recreación de lo inexpresable. A través de un primer principio que sacude a la mente en su rutina de hábitos pensantes-sintientes: Datsuzoku o el elemento sorpresa. Un súbito recodo en el camino. Una piedra que a la manera de una barrera impone una pausa. Algo que aparece y de algún modo no debería estar allí. Un grupo de rocas en aparente desorden, irregulares, asimétricas: Fukinsei, el adiós a lo lineal y a toda geometría convencional. Cese de la búsqueda y representación de la "seccion aúrea" como paradigma de un canon estético y ejemplificante. Conjuntos de árboles que insisten ante la mirada, como instándola a encontrar un sentido que escapa a los artificios lógicos de la razón. Sonoridad de una cascada en medio del silencio. Seijaku, que no sólo es quietud, sino también la creación deliberada de una atmósfera para silenciar la mente, es decir anular la agitación del pensamiento, para que ésta se convierta en un espejo que acoge al jardín y reciba no un mensaje, sino sólo la plástica de lo que el universo es sin mediación alguna.

Desde el grupo de rocas y grava del Jardín de Ryoanji hasta el jardín con estanque y cascadas o el jardín sin la presencia de agua, la maestría consiste no en mostrar o en develar ostensiblemente un propósito, sino en sugerir. Yugen, que Arthur Waley definía como: "lo que yace bajo la superficie: lo sutil como lo opuesto a lo obvio, la insinuación como opuesto a la afirmación." Dimensión que agrega profundidad a la mente, apoyándose en el misterio de la vida, el mundo y la naturaleza. Clima, antes que manifiesto o franca melodía, el jardín japonés está lleno de sugerencias evocativas y de símbolos que cobran vida, no en en función de un código que los descifre, sino en un cierto enfásis que llama discretamente la atención y se destaca del resto de sus elementos. Como el caso de la cascada de agua que termina en un estanque. Representa el curso de la vida humana: nacimiento, crecimiento y muerte. De allí que su sonoridad, áspera en un comienzo, se disuelva totalmente al llegar a él, en un sereno silencio. O un islote en el estanque o en una corriente de agua, que simboliza el Nirvana, como reducto último de la realización budista. O la conjunción del ciruelo, el pino y el bambú, con su augurio de felicidad. Ya sea en grupos o en elementos individuales el patrón simbólico y sugestivo se enseñorea por doquier.

Spencer Brown -discípulo de Wittgenstein- en sus "Leyes de la Forma" afirma que no podemos dar respuesta a la pregunta: ¿Cual es la naturaleza del Mundo o Realidad? Es decir, no podemos en términos del lenguaje, agotar su complejidad o definir su esencia última. Sólo podemos evocar el Mundo por medio de un imperativo que sería: "Haga una distinción". Y afirma que "una vez que el espacio es particionado surge un Universo". Por ejemplo a partir de la distinción: Afuera-adentro es posible reconstruir "todas las formas básicas subyacentes a las ciencia física, matemática, biológica y a la linguística". Una distinción genera un Universo, incluido el que estudian los cosmólogos. Por ende, en último término, las ciencias naturales serían un conjunto crecientemente complejo de instrucciones, que se siguen a una primera distinción de acuerdo a un axioma y dos leyes de la forma que Spencer Brown formula.

Y esto es el jardín japonés: un conjunto de instrucciones para que el observador logre experimentar lo inexpresable, que queda fuera de la posibilidad de la explicación racional o científica por medio del lenguaje. Es así que sus senderos, están deliberadamente construidos para dirigir los pasos del visitante a un lugar determinado donde una determinada configuración vegetal, acuática o meramente rocosa se presenta súbitamente a su mirada. O una piedra que actúa como una forzada detención, determinando una pausa para la meditación. O construcciones muy bajas donde es necesario agacharse para refrescarse con el agua. Algo así como: detente; mira este grupo de arboles, dobla a la izquierda, escucha el contraste entre sonido y silencio....Maestría que supera el solipsismo, pues en realidad no hay lugar para un sólo punto de mira, impresión o interpretación. Aniquilación de toda posibilidad de que la mente intente una explicación recurriendo al pensamiento. Pues como dijo Witgenstein en la última proposicion de su Tractatus: "De lo que no se puede hablar, hay que callar"



Para una descripción detallada de los principios que guian la construcción del Jardín Japonés y alguno de sus símbolos consultar: The Nature of Japanese Garden Art by Professor Lennox Tierney Japanese Friendship Garden Home Page

escrito por Carlos Fleitas. Abril 2002.

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