Kobayashi Issa o el surgimiento de la subjetividad en el Haiku
escrito por Carlos Fleitas

     El cáracter cósmico contemplativo del haiku tuvo su floración en Matsuo Basho, el peregrino del Nirvana. Su obra poética es a mi juicio el mejor ejemplo de la recta proporción entre forma y contenido, algo así como el paradigma de la sección aurea en la poesía. Es tan primorosa su construcción que a veces no es posible distinguir la una de la otra. El hombre concreto con su rugosidad, sus matices, sus alegrias y sus penas, se eclipsa para dar paso al poeta en su relación con lo universal.

      Pero es Kobayashi Issa quien transporta esta melodía a otra clave. En sus haiku afloran sus emociones y sentimientos, su soledad, su exilio, su desamparo, su desencanto... En su poesía, lo cotidiano se vuelve pesante y tangible, como el verdadero protagonista de su arte. Alejado de toda esteticismo se convierte en un peregrino, pero en su caso, un peregrino de sí mismo. Porque al enfocar su mirada en aquello que le es propio y en las resonancias de la realidad que le toca vivir, genera un testimonio, una cartografía de si mismo. Arranca así al haiku del carácter esotérico y de revelación que lo fundamentaba, para hacer surgir la subjetividad en toda su magnitud.

     Conserva la forma sí, pero confiere al contenido una drámatica desconocida hasta entonces. Figura y fondo se separan, para generar una tensión similar al arco voltaico, haciendo saltar chispas de luz pero también hondura y vibración. De este modo redimensiona y renueva el género despojándolo de la serena mirada plena de inteligencia de sus antecesores. En Issa la forma parece una frontera a punto de ceder ante la intensidad del contenido. Refrenamiento impuesto por el género es cierto, pero también limite necesario para producir la dialéctica referida.

     En dondequiera que escucha la sinfonía del mundo encuentra pathos como leitmotiv de la misma. Es un ser sufriente, ligeramente melancólico a veces, el que habla en sus haikus. Pero por sobretodo, es un poeta expresivo hasta niveles no alcanzados hasta entonces, del cual emergen en forma directa e inmediata sus mas íntimos pesares. No pertenece a la estirpe de los Maestros que cuidadosamente cincelan su obra en la apoteosis de lo apolíneo, pero tampoco se encuentra en él un franco estallido dionisíaco. Issa se encuentra más cerca de los poetas y de la músicos románticos que de las formas y los ideales clasicistas que conocemos a partir de los griegos.

     Quizás su diferencia con algunos de los maestros románticos es que Issa no cultiva el pathos por el pathos en sí o como un mero estado mental, sino que cada uno de sus sufrimientos encuentran un correlato real con la historia de su vida, en particular la que le tocó vivir en su infancia. Biografía y expresión poética se sueldan así íntimamente y a veces no acertamos a distinguir cual es cual. Es pues el surgimiento de lo subjetivo en el haiku la clave de su arte. Pero con una particularidad, no para analizarlo ni reflexionar sobre él como es característica de la modernidad científica, sino para expresarlo de modo crudo y realista. Conmovedor testimonio de alguien que logró mantenerse siempre en lo que es sin evadirse y sin concesiones en su decir. Así Issa se convierte en un ser humano próximo, creible, alguien con el que nos podemos encontrar sin buscarlo.

     Pero sería un descuido afirmar que lo universal no existe en su poesía. El Universo de Issa hierve de aquello que está más allá de la mente y la supera. En la imposibilidad de apoyarse en el mundo de la relación humana, que sólo le ha traido desdicha y desilusión, vuelve su rostro al Ser eterno e infinito para encontrar en él, no sólo el único interlocutor posible, sino también el bálsamo redentor que lo mantiene vivo. Y es por ello que se detiene a escrutar el mundo natural, no sólo el vegetal sino también el animal.

     Así desfilan en sus haiku una increible diversidad de insectos, pájaros, animales y flores que impregnan sus versos. En ellos encuentra los verdaderos testigos de la realidad y con ellos atraviesa el agitado rio del Samsara. Dice el proverbio chino que quien ve lo pequeño, posee entendimiento. Si hay alguien que lo ejemplificó fue Kobayashi Issa "Sacerdote Taza-de-té del Templo del Haiku", Poeta de lo Pequeño...

 

Carlos Fleitas