Un poema de Borges
escrito por Carlos Fleitas


The unending gift

Un pintor nos prometió un cuadro.
Ahora, en New England, se que ha muerto. Sentí como otras veces, la tristeza y la sorpresa de comprender que somos como un sueño. Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos.
(Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales).
Pensé en el lugar prefijado que la tela no ocupará.
Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo esa cosa más, una cosa, una de las vanidades o hábitos de mi casa; ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno.
Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música, y estará conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco.
(También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algo inmortal).
                                                                                     Jorge Luis Borges
















El budismo afirma que la experiencia más radical que puede tener un ser humano, es la de la vacuidad. Pero como en el budismo no hay lugar para la desesperación, hay lugar para la contemplación. Y entonces, el mundo tal cual lo conocemos se vuelve proteico, fugaz y pleno, susceptible de adquirir "cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno". Pues Borges sabe que si hubiese tenido el cuadro, este se convertiría en un dique, una barrera que sujeta la impermanencia y ya no un río indetenible que se despide continuamente de su propio ser. Pues la paradoja de la impermanencia es que huyendo de todo, lo permite todo. Y lo que es mas noble aún: nos libera de la pesada tarea de perpetuarnos.

De este modo, la sustancialidad se torna extranjera en estas provincias. La vida, el Universo como un sueño, creación y precariedad. La irrealidad real de un mundo que es como una pompa de jabón, el de los versos que Antonio Machado escribió como fundamento de su poética. Tan efímero como las nubes que pasan sin dejar rastro, fluente por siempre, inasible como el viento, el agua y los colores del amanecer. Sueño inapresable, que deja un sentimiento de ajenidad y de estupor. Aware. Nostalgia por lo que alguna vez fue o pudo ser y ha decidido renunciar a la presencia. Como si a la manera de un oráculo susurrase: el tiempo es instante, otro instante y otro instante. Sin nexo. La continuidad es ilusión.

Pero está el muerto y la muerte. Entonces Borges opta por la memoria, que es el antídoto contra la disolución. Preserva y alienta en su mente la permanencia, sabiendo que con el fin -su fin- la tela nunca realizada y pasible de innumerables rostros, también se irá. Homenaje póstumo al artista, a quien mantiene vivo, sabiendo que al partir él, el otro también se irá. Pues la promesa, al no concretarse, deja el vacío para que el don se ramifique y expanda. Etica de la ausencia y de la compasión. Pues sabe que ser humano es eso. Sostener la irrealidad hasta el fin.