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Escribir sobre los antiguos griegos tiene algo de anácronico y de contemporáneo a la vez. Muchas de sus afirmaciones han sido refutadas, pero otras persisten como objeto de una reflexión interminable. Los que conocemos como filósofos, eran sumamente agudos, y si bien sus conclusiones en materia de Cosmología no fueron exactas, siempre encierran un germen de verdad. Es el caso de la Cosmología Pitagórica, que figura en el catálogo de desaciertos astronómicos en el Index contemporáneo. La misma, en su presentación final, se debe posiblemente a la inspiración de Filolao (480-400), discípulo de Pitágoras.
Filolao hizo dos cosas: completó un Universo y divulgó el secreto de las enseñanzas de Pitágoras, pues escribió tres libros que vendió a otro griego por interposita persona. Algunos afirman que quien los compró fue Platón por intermedio de Dion de Siracusa. Por lo tanto es mucha nuestra deuda con Filolao, pues al revelar el secreto de los secretos, no sólo descubrió el rostro de Pitagóras, sino que hizo filósofo a Platón.
Pero aquí nos encontramos con algo habitual en la investigación histórica de la filosofía griega: que el rostro del maestro y el de los discípulos se confunden, pues no tenemos certeza de que aportó Pitágoras y que ampliaron sus seguidores. Parecería que Pitágoras fue el que lanzó al mundo el mundo por primera vez. Para él la Tierra era esférica. No sabemos cual era el centro del Universo para este filósofo. Lo que si sabemos es que Filolao completa esta Cosmología, dándole una expresión final. Y él mismo es posiblemente el primero en crear un Cosmos, que tiene un centro que no es la Tierra, alrededor del cual giran planetas y astros. Y entre ellos nuestro planeta, que gira en una órbita circular, por lo que aparece dotado de movimiento, a diferencia de los Universos de los jonios, en los que la Tierra está en reposo.
Para Filolao y los Pitagóricos todo en el Universo es esférico y describe movimientos circulares. Este tiene como centro un Fuego que llamaron Hestia (diosa del hogar y del fuego) o "Corazón del Universo" en razón de su forma. Es invisible para los seres humanos, porque estaba situado frente a la cara terrestre opuesta a la que vivían los griegos. El Sol -que era una esfera de cristal que refleja el Fuego central-, la Luna, la Tierra y los cinco planetas conocidos son esferas perfectas que giran alrededor del mismo. Su movimiento es circular y uniforme, dotado de regularidad y armonía. Son diez en total contando además la esfera de las estrellas fijas, que era otra de las esferas en la cual se encontraban los astros, es decir la bóveda celeste.
La décima esfera es la que Filolao llamo "Antichton" o "AntiTierra" o "Contra-Tierra". El Antichton era un planeta invisible, que se interponía entre el Fuego central del Universo y la Tierra. Por invisible entendían que no podía ser visto debido a que la Tierra giraba a su alrededor ofreciéndole la misma cara siempre, que era la hemiesfera del planeta opuesta a donde se encontraba situada Grecia. Y en su Universo, los pitagóricos no descuidaban a los dioses pues incluían al Olimpo, que estaba más allá de la Tierra. Finalmente, supusieron la existencia de una esfera, también de fuego, que envolvía a todo el Universo.
Aristóteles argumentó que este planeta tan extraño, el Antichton, fue creado por Filolao por razones númericas para que diez, el número sagrado de los pitagóricos, fuera el total de esferas en movimiento en este Universo. Otros han sostenido que esta extraña creación, era la explicación de Filolao de porque ciertas regiones de la Tierra permanecían en la oscuridad. Pues según los griegos esa era la situación de sus antípodas, que no eran devoradas por el fuego de Hestia debido a la pantalla que la "Anti-Tierra" creaba, interponiéndose entre lo ígneo y esa cara del planeta. O podría ser que haya sido introducido por el pitagórico para explicar los eclipses lunares. O como se ha sugerido también, esta Anti-Tierra sería una intuición de lo que actualmente se conoce como Anti-Materia, que parecería encontrarse en gran cantidad en el centro de las galaxias. Sea cual sea la verdadera razón, este planeta Antichton, es un planeta mental, una creación de la especulación pura, a contrario de las estrellas, el Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos para ellos, que eran observables.
El Universo de los pitagóricos es regular, predecible y aritmético pues es el primero en el que los números tienen una existencia protagónica. Todo en él es geométrico e impecable. Los planetas y los astros son esferas perfectas, el movimiento es circular y uniforme, sin sobresaltos ni sorpresas, y las esferas están situadas a distancias proporcionales unas de otras. Y aquí la novedad del Cosmos pitagórico: las esferas al girar producen sonidos o tonos musicales que en su extensión corresponden a los sonidos presentes en una octava. Una sinfonía cósmica, que no escuchamos ni distinguimos, por el simple hecho de que al oirla sonar desde nuestro nacimiento no la reconocemos como tal, por estar acostumbrados a ella. Vivimos en un Universo Musical. El de la Música de las Esferas. Pero de tanto escuchar su melodía ya no le prestamos atención. El precio de nuestra pereza auditiva, es pues muy alto. Nos exilia de los elixires de una música cristalina y armoniosa como ninguna.
Pero no debemos perder la esperanza de oirla, porque en el caso de los pitagóricos, la esperanza no es una probabilidad; es una certeza hija de los números. Pues para ellos, no sólo el espacio y el movimiento son circulares, el tiempo también lo es. En su cosmología idearon un gigantesco ciclo cósmico conocido como el Gran Año que equivalía a 10.000 años terrestres. Cada Gran Año, todos los acontecimientos se volverán a repetir, lo que equivale a decir que descubrieron una eternidad, que es la monótona repetición de finitudes idénticas a si mismas. Eudemo decía a propósito de la misma: "Si se debiera creer a los pitagóricos, de la misma manera que las cosas idénticas por el número, así, yo también volveré a hablar, teniendo este bastoncillo en la mano, y vosotros estaréis sentados como ahora, y de la misma manera se comportarán todas las demás cosas, y hay que pensar que el tiempo sea el mismo..." Por lo tanto, si hoy no hemos escuchado la melodía que cantó el Cosmos, alguien en el futuro lo hará. No seremos nosotros, pues habrá que esperar otros diez mil años. Sitios Web consultados: Concepciones antiguas del Universo Pitagoras de Samos Early Greek Astronomy Sobre el Tiempo |