Estimado amigo:
En su narración breve "La Lotería en Babilonia",
Jorge Luis Borges, con sutileza y maestría, muestra
los profundos efectos que pueden tener sucesos
aparentemente inocuos, como el agregar o retirar
un grano de arena de una playa, soltar un pájaro
desde una torre o cualquier evento que consideraríamos
intrascendente en sus consecuencias.
En mi caso he agregado, no un grano de arena a una
playa, sino un siglo a una centuria en mi respuesta a su
última carta. Pues he ubicado en el siglo XVI la vida y
obra del Cardenal Nicolás de Cusa, cuando la real temporalidad
del mismo y de la misma, transcurre en el siglo XV.
Aunque si interpretamos ese error en un sentido alegórico,
el mismo muestre que a pesar de mi mismo, quise decir que
el Cusano fue un adelantado a su tiempo.
Pero un envoltorio tan críptico para realizar
una afirmación tan sencilla, no es necesario.
Pues tan adelantado a su tiempo fue, que afirmó
que el Universo, que "no es infinito y sin embargo
no puede ser concebido como finito, ya que no hay
límites dentro de los cuales se encuentre", no puede
tener un centro único o lo que es lo mismo, que tiene
su centro en todas partes y en ninguna, tornándose
inasible a toda figuración imaginaria de la mente
humana. Es decir, nos deja con el desconcierto del
Juez ante la respuesta del pueblo en Fuenteojuna
que podría formularse como: Todos y ninguno!
De lo que se deduce, que también refutó el geocentrismo
imperante en su época y lo que es más, tenía la solitaria
certeza de haberlo hecho. El "eppur si muove" que quizás
nunca pronunció Galileo, sin duda cruzó,
-silenciosa y decididamente- el pensamiento
del Cardenal, pues afirmó que nuestra Tierra
es un cuerpo celeste en movimiento.
Curiosa conclusión para quien pobló su Biblioteca
con las obras de Platón, los neoplatónicos, Dioniso
Aeropagita, Alberto Magno, Eckhardt, Lull y tratados
sobre astrología y ciencia hermética. Pues si fué más
allá de ellos en su Cosmología, iniciando el cambio
de civilización que el siglo XVI y XVII inauguraron,
mantuvo el leit-motiv del Académico y la secreta voz
de los místicos.
Compartió el propósito de Platón, de restituir a la filosofía
lo que los sofistas le habían secuestrado. La dimensión de la aletheia.
De aquello que es perenne y que evita que el ser humano se pierda en
la diversidad de lo que se presenta a su mirada, olvidando el sustento
que la fundamenta. Fiel al propósito del discípulo de Sócrates,
restituyó la intuición de Lo Uno a la Teología y a la Filosofía
Perenne, exiliada por los que fueron los profesionales del equívoco en el Agora.
Quizás la clarividencia intelectual que le permitió llegar
a tales conclusiones, fue el preludio para otra de sus concepciones,
más intrépida aún que la primera, dado que llegó a insinuar que
a pesar de las diferencias externas, todas las religiones no son
más que una sola. Aún más: sugiere que Dios envió a los distintos
pueblos, profetas adecuados para que todos recibieran el mismo
logos divino, pero teniendo en cuenta la peculiar cultura de cada
uno, como señala George Sarton. Religio una in rituum diversitate.
Guiado por esta develación que se transformó en evidencia, emprendió
la tarea de volver a reunir las Iglesias de Oriente y Occidente en
una sola, en el tallo en común en el que ambas florecieron. Y a tal
efecto, fue enviado a Constantinopla para intentar la reunificación.
Es más: la conciliación de los opuestos, es decir, la superación
de la dualidad fue no sólo el objeto de su reflexión, sino de su
accionar práctico. Y yendo más allá del conflicto de las Iglesias
propuso y fundamentó la idea de un Estado, que guiara sus actos
de gobierno por el principio de "la concordia y la armonía universal",
que deviene de su lealtad a "lo Uno", como estadio anterior a la
oposición y disarmonía de los contrarios.
Pero es en su concepción de Dios, donde el Cardenal se
alinea en la larga tradición de aquellos para los cuales
la Divinidad está más allá del pensamiento y de la razón.
Pues aún su nombre Theos, estaría dentro el plano de la
mente humana, que sería insuficiente no solamente para
conceptualizarlo, sino también para nominarlo. De allí
que resuenen en su Teología, los ecos de la voz de Dionisio
Aeropagita, en cuanto sólo por la vía negativa es posible
para el ser humano acercarse a la esencia del Ser Divino.
Afirmación ya formulada por Shankara, el sabio errante
de la India, que muchos siglos antes, supo que la vía
negativa es la verdaderamente fecunda cuando se trata
de aprehender la Identidad Suprema.
"Por esto se manifiesta cómo las negaciones son verdaderas
y las afirmaciones insuficientes en las cuestiones teológicas,
y por lo mismo las negaciones que remueven las cosas más
imperfectas de lo que es perfectísimo son más verdaderas
que las otras". "Docta ignorancia" que no sólo indica los
límites del pensamiento (prisionero de los opuestos) para
nombrar, conocer y caracterizar a Dios, sino que como afirma:
"la exactitud de la verdad luce incomprensiblemente en las
tinieblas de nuestra ignorancia. Y ésta es la docta ignorancia
que investigamos, sólo mediante la cual, según explicamos,
podemos alcanzar el máximo Dios unitrino"... Inconcebible,
inexpresable e innombrable son pues, el tríptico que lo caracteriza.
De allí que ese Dios, sea un "Dios Escondido".
Pero esa Unidad última de la que todo deviene,
no es en todo caso indiferente. Pues afirma:
"somos atraídos hacia el Dios desconocido por
un movimiento de su gracia, ya que él no puede
ser aprehendido de otra manera que mostrándose
él a sí mismo. Y quiere ser buscado. Quiere asimismo
dar luz a los que le buscan, esa luz sin la cual no
pueden buscarle. Quiere ser buscado, y quiere también
ser aprehendido, porque quiere abrirse y manifestarse
a sí mismo a los que le buscan".
Paradojicamente la divinidad que intuye, es un Dios
que no tolera la soledad de la Eternidad ni el Anonimato.
Es un Dios que desea intensamente vivir en el corazón de
los hombres. Quizás por ello la última voluntad del Cardenal
fue que al partir, su corazón fuese llevado a Cües en donde nació,
mientras que su cuerpo fue enterrado en Roma. Luego del
largo viaje a la morada de lo que está más allá de la razón,
la mensura y la imaginación, quizo volver al morir, al lugar
donde, en su caso, Lo Uno gestó su ser...
Si hay algo que el Cusano conoció, sin saberlo quizás,
fue la gemelaridad de las almas. Pues en su obra resuenas
otras voces, la una, la de aquel peregrino del Islam que
vivió en el siglo XIII y que cumplió con la hajj: Ibn-al-Arabi.
Pues compartió con él la misma develación, la misma Fotuh: el
Universo no sólo es Dios, sino que no es otra cosa que Dios.
Las otras, la de los cabalistas Cordovero e Isaac Luria, cuando
no las conjeturas de aquel rabino que intercedió por su pueblo
ante Calígula: Filón de Alejandría.
Y más oro sigue reluciendo. Pues para Nicolás de Cusa,
dondequiera que se encuentre alguien en el Universo, el mismo
diseño de estrellas se presentará ante su mirada.
Unicidad de la Religión, Unicidad de Dios, multiplicación
del mismo mensaje a la diversidad de pueblos, conciliación
de los opuestos. Todos los rostros se funden en uno y en uno
sólo, cualesquiera sea el lugar del Universo donde nos ampare
el cielo estrellado...
Luego de leer estas lineas, podrá comprender, que sea algo descuidado
con mi correspondencia, pues yo también extravío, no las cartas de mis
amigos, sino mis propias respuestas. Tengo la sospecha -a la manera del Cusano-
que la diversidad de las mismas es sólo aparente, por lo que se deduce que
siempre reitero lo mismo disfrazado de un rostro proteico, fluente y efímero.
Por ende, no puedo enviarle mi primera respuesta a su primera carta, pero si
su primera carta. Seré más cuidadoso de aquí en adelante, sólo por un ideal
irrealizable. Pues conservar mis respuestas a sus líneas, me permitirá
reescribirlas una y otra vez, dado que no son más que borradores
de un texto que nunca escribiré pero que existe, probable y desconocido,
más allá de las palabras y de la memoria...
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