|
Alguien ha observado que para definir algo, el método mas apropiado es caracterizarlo por lo que no es. Explorando esta idea, diríamos que el Budismo no es una religión o un conjunto de rituales o una filosofía o un sistema de creencias, es decir, nunca es lo que uno espera que sea. Tomemos uno de sus ejes básicos. Sabiduría, redención, liberación...todas estas recompensas parecen ser el objetivo deseado que promete el nirvana. Anhelo dinamizador para el iniciado. Fin del camino. Estado de armonia y paz desapegado de los sufrimientos y conflictos del mundo. Pero que significa nirvana ese término que encontramos por doquier cuando se trata del budismo? Saber su sentido, no hará que alcancemos su estado, pero puede ahorrarnos todo tipo de fabulaciones mentales que inofensivas en si mismas, implican una sofisticación innecesaria. El nirvana, sería el estado que alcanzó Sidharta Gautama, el personaje histórico que luego fue denominado el Buda. Pero Buda significa aquel que despertó. Por lo tanto el término parecería referirse a dos estados. Uno el que es común a todos nosotros y otro el resultado de una experiencia profunda y renovadora que sería el estado de liberación al que muy pocos podrían acceder. Si el despertar, es el objetivo al que se llega, cual es el punto de partida, cual es la condición que sería conveniente superar para acceder a él y por tanto al cese del sufrimiento? Hay una larga tradición en el pensamiento de la humanidad, que considera que los seres humanos vivimos en un sueño en el sentido de fenomeno onírico. Pero también en el de una ensoñación. Nuestras mas hondas certezas, que damos por ciertas considerándolas como un reflejo de la realidad exterior a nuestras mentes, no serían más que ilusiones, como algo así como fabulaciones. Nos aferramos a ellas y estamos prontos a defenderlas como verdaderas e indiscutibles, pero que en esencia hacen que percibamos todo a través de una lente deformante y que deja espacios en blanco en nuestra visión. Y esto moldea nuestra acción sobre el mundo, ya que éste debe rendirse a nuestras creencias e ideas. Esto nos da una visión predeterminada siempre deformada del Universo, los seres vivos -incluyendo las sociedades humanas- y la naturaleza. En Occidente la ciencia se ha encargado de ir refuntando estas ideas que damos por evidentes y por las cuales estamos dispuestos, muchas veces a combatir. Porque a poco que sometamos a una revisión crítica las mismas, veremos que somos seres que percibimos en forma distorsionada la realidad, que hay aspectos de la misma que descuidamos y desconocemos, sobre todo de nosotros mismos. Pero nos es extraordinariamente dificil desprendernos de ellas y más aun percatarnos de todo esto. Vivimos de algún modo en este sueño de nuestras propias mentes, prisioneros de ideas y actuamos como si éste fuera real y como si de nuestro quehacer individual y colectivo, el bienestar en cualquiera de sus formas sería el resultado lógico del mismo. Que ofrece pues el budismo? El método budista nos propone algo así como un viaje. Partimos de la orilla de un río que sería el Samsara, la realidad cotidiana de todos los días de nuestras vidas con todo el equipaje que portamos de ideas, creencias, actitudes y percepciones, es decir con el contenido de nuestras mentes. Nuestro objetivo es llegar a la otra orilla, donde nos espera el Nirvana y por tanto la liberación del sufrimiento, los conflictos y las tensiones que nos agobian. Obviamente esperamos que este viaje sea muy cómodo y placentero, lo menos arduo posible... Pero nos aguarda una sorpresa. En lugar de liberarnos, de poder exorcisar, desprendernos de este pesado equipaje que es nuestra mente, el método budista actua en sentido contrario haciendo que cada vez sea más pesado, que experimentemos a pleno su realidad, que lo conozcamos en todos sus detalles, que lo revisemos a fondo, que no podamos liberarnos de él aun cuando pongamos el máximo de concentración o esfuerzo por hacerlo. Poco a poco nuestra mente y sus contenidos se va adueñando de todo, nos invade un sentimiento de extrañamiento con lo familiar y cotidiano, las cosas mas habituales dejan de ser lo que son, todo parece tergiversado, distorsionado, nada es lo que es. Es como si vieramos la realidad en su sentido más amplio como algo distante e inalcanzable. Parecería que la otra orilla, el nirvana, está cada vez más lejos y no podemos retornar al lugar desde donde partimos. Hemos llegado a la mitad del viaje. Sólo estamos en contacto con nuestras mentes, todo deja de ser familiar y conocido. Nos sentimos confundidos, parece no haber solución ni salida de este pantano en el que hemos caído. Nuestras mas hondas convicciones se derrumban, nuestras certezas se rompen como una copa de cristal. La tensión es máxima. Abismo hacia adelante montaña a nuestras espaldas, como dice el proverbio. Una situación un tanto incómoda por cierto. Entonces cuando parece no haber salida, solución, salvación, liberación, ni esperanza, cuando la madera de nuestra embarcación cruje por todos lados, algo ocurre, una súbita explosión, un estallido total y conmovedor. Y un instante después todo vuelve a estar en su lugar, el rostro de la flor vuelve a ser el mismo, con su suave textura, su mirada milenaria y prístina, su eterea fragancia...La abeja danza y labora de continuo, las nubes pasan como desde la primera mañana del mundo, el cielo es claro y nos alberga, aquella diminuta brizna de hierba se enseñorea sobre el paisaje, todo es próximo, nada es lejano, todo está en el mismo lugar pero de otra manera, todo es igual pero diferente y nosotros somos los mismos pero otros de lo que eramos al emprender el viaje. Hemos llegado a la otra orilla, hemos alcanzado el anhelado nirvana. Pero eso no es todo, aun hay un giro, una torsión inesperada, una sorpresa que en el mejor de los casos amerita una sonrisa sencilla y benigna. La orilla a la que llegamos, luego de atravesar el río, es la misma de la que partimos!. Sólo que no sabiendo que lo sabíamos, nos hicimos a la mar en busca de algo más. Parafraseando el proverbio, estabamos buscando ansiosamente nuestros anteojos, sin percatarnos que todo el tiempo los teníamos en la mano... Solo que ahora vemos las cosas tal cual son y conocemos las trampas y la cárcel de nuestras mentes. Todo es nuevo, todo es antiguo. Todo es conocido, todo desconocido. Todo es lo mismo, todo es distinto. Y percibimos el aire fresco del amanecer, que es sólo eso y nada más, el aire fresco del amanecer...Como dijo T.S Eliot, el poeta inglés, tan hondo, tan iluminado: "We shall not cease from exploration and the end of all our exploring will be to arrive where we started and know the place for the first time."
Carlos Fleitas |
Escrito en memoria de Alan Watts
El lector puede consultar la siguiente obra que ha inspirado este
breve ensayo:
Alan Watts: Las filosofías de Asia
Ed.Edaf/Madrid 1996