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Boddhidarma


Boddhidarma, el monje que introdujo el Zen en China, practicó durante su vida tres cosas: el noble silencio, el arte del desconcierto y la descortesía sistemática, es decir, una forma un tanto infrecuente de budeidad. No dejó nada por escrito, ni enseñó doctrina alguna. Sólo quedan algunas anécdotas y un rostro. Este es grave y desafiante, las primeras breves y tajantes. Sin embargo, en su minimalismo, son más fecundas que todos los tratados que se puedan escribir sobre el Zen.

La primera de ellas, a poco de su llegada, lo sitúa frente al Emperador, que era conocido por su respetable práctica del budismo y por su sed de conocimientos. Es por ello, que al enterarse de la llegada del monje a la China, envía por él, y sin saber que Boddhidarma era Boddhidarma, le pregunta: ¿como es la realidad última, según el Buda?. "Un vasto vacío, en el que no hay nada sagrado", respondió el monje sin dudar. Ante lo sorpresivo y desconcertante de la respuesta, parece ser que el Emperador, dudó de si tenía enfrente a un sabio o a un loco, por lo que le preguntó: ¿Quien es Usted?, a lo que Boddidharma respondió: "Lo ignoro", y sin despedirse se retiró. ¿Adonde? A una cueva lejana, donde se dedicó a meditar de cara a una pared durante nueve años.

Cierta vez un discípulo, acudió a él muy perturbado. "Maestro, no tengo paz en mi mente. Te pido que la pacifiques." Boddhidarma le respondió que si traía a su mente frente a él, la pacificaría. El discípulo se despidió y trató de encontrar su mente. Durante largo tiempo meditó y meditó buscando la solución. Finalmente volvió a presentarse ante el monje y le dijo: "Maestro, por más que lo intento, no puedo encontrar mi mente." A lo que Boddhidharma respondió: "Entonces, ya está pacificada".

Era práctica común que Boddhidarma no respondiese a las preguntas de sus discípulos, que generalmente se referían a lo que en Occidente se conocen como temas filosóficos o religiosos. Inútil era insistir. El monje guardaba silencio. "Maestro, cual es el sentido de la enseñanza del Buda". Silencio. "Maestro, cual es la vía hacia la iluminación". Silencio. Pero a veces podía responder haciendo uso de gestos, o señalando casualmente algo en el paisaje, una hoja, un insecto, un grupo de rocas. Y dado que nunca daba nada por sobreentendido, podía ser desconcertante hasta grados inverosímiles.

Se afirma que un aspirante a discípulo, fue a él a los efectos de que lo guiase hacia la budeidad. Pero Bodhidarma, lo expulsó de la cueva en donde meditaba. "Vete, es demasiado difícil para ti" El aspirante insistió y fue nuevamente expulsado, por lo que decidió esperar afuera de la cueva, hasta que el monje lo atendiese. Pero no lo hacía. Entonces en un gesto último y dramático, destinado a llamar la atención del Maestro, demostrándole que estaba dispuesto a todo para recibir su enseñanza, el aspirante se corta un brazo. Boddhidarma sin inmutarse lo hace pasar. El aspirante se ubica frente a él sangrando, con el brazo cortado en el piso. Entonces Boddhidarma le pregunta: ¿Como puedo ayudarte...?

Más allá de la deformación que puedan haber sufrido estas anécdotas, en particular la última, plantean temas esenciales del budismo. La vacuidad, el "ego" y un modo muy especial de transmitir la enseñanza del Buda. Y en particular lo que conocemos como el sentido de identidad. Pues Boddhidarma inquiere: donde está ese Yo, del que me hablas? Con el que te identificas? El que dices que tiene un problema, sufre, está confuso o agitado? Traémelo. Muéstramelo. Como la paradoja, que un maestro zen planteaba a sus discípulos: ¿Quien eras tú, antes de que tus padres nacieran...? Que precipita en el discípulo una búsqueda condenada al fracaso. A la manera de un koan. No tiene solución.

Y para ello, Boddhidarma utiliza un método totalmente distinto a los que conocemos en Occidente. En lugar de argumentar o razonar con el discípulo, de demostrarle la ilusoriedad de eso que llama Yo, es decir, un individuo constante y continuo en el tiempo que subyace a las experiencias físicas y mentales, lo invita a buscarlo, a mostrarlo. Y en esa búsqueda, en la experiencia y el fracaso que conlleva, el discípulo comprende de una manera no intelectual, no racional, la ilusoriedad de su individualidad, de su mismidad, de la creencia de ser algo o alguien diferente y único, aislado, separado y ajeno al Todo.

La particularidad de Boddhidarma, es que utilizaba una modalidad sorpresiva, desconcertante para el discípulo, que tendía a despertar una comprensión prácticamente inmediata del problema planteado. Abría así una brecha en la mente del mismo, un desfiladero a través del cual era posible encontrar una solución no convencional, que el razonamiento o el mero pensar no podían lograr. Pues intentar resolver un problema, por intermedio de los mecanismos que lo han generado es un imposible. Por ende sólo tiene solución, si los mismos son desmontados, inutilizados y de nada vale recurrir a ellos.

Para la mente occidental, esto es algo muy extraño. Como es que mediante el pensamiento, no podemos resolver algo que nos urge? Un problema vital para nosotros? Como es que existe una forma de comprensión que no pasa por la razón o el método científico? Sin embargo, es así. Porqué? Bueno, en Usted está el encontrarlo o comprenderlo. Eso sí, le desaconsejo que se lo pregunte a alguien, pues podría perder su cabeza....

escrito por Carlos Fleitas.
febrero 2002.

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