Luterano imperturbable, guias con tu mano,
los hilos de un destino que te supera:
las propias letras de tu nombre,
que descifras y combinas incesante,
en tu pasión por el número y el sonido.
Fuiste el que quisiste ser, sin ser ajeno,
a los destellos de este mundo: el goce del amor,
la paternidad y el mandato de tus ancestros.
No te detuvo el dolor, ni el exceso de lo cotidiano
en tu lenta marcha hacia ti mismo:
Hacia el álgebra cuyas fórmulas descifrastes,
ciego ya, en los últimos contrapuntos.
 
Carlos Fleitas